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Opinión | La balanza inmóvil

Instrucción fiscal

El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños.

El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños. / Marta Fernández / E.P.

Hay palabras que asustan ya con el solo hecho de oírlas. La de fiscal, por si te acusa, y la de fisco por si te llama a filas. Aquél te puede costar la cárcel, éste el dinero, e incluso también la trena por un delito fiscal. Pero centrémonos por ahora en los fiscales y no en el fisco, porque la campaña del IRPF aún queda un poco lejos, salvo para aquellos a los que esta semana le han cargado el segundo recibo de la renta, que se acuerdan de chistorras, viajes gratis, sueldos perpetuos, y de los que viven del cuento palaciego.

En España, hay un sistema por el que si no hay acusación el juez no puede condenar. Por eso, son muy interesantes dos cosas: una, que sea el fiscal quien investigue para buscar pruebas para llevarlas ante un juez y así asegurarse una condena, y otra, que desaparezca la acusación popular, porque si no hay acusación pública, ya que el fiscal no acusa, tampoco hay acusación particular. Si desaparece la acusación popular, pues ahí está, blanco y en botella, el juez no podrá condenar, ni siquiera celebrar juicio o investigar por su cuenta. Todo lo cual no tendría importancia, si no se presumiera desde el Ejecutivo de quién depende la fiscalía, "pues eso". Es una de las frases más antidemocráticas que he oído en mi vida, pero que refleja bien a las claras lo que le importa a su autor el tercer poder del Estado.

Por eso, la reforma Bolaños, que no se sabe si saldrá o no adelante, porque el prófugo de la justicia votará que sí o que no, dependiendo de lo que a él y después a Cataluña le convenga, pero desde luego no pensando en España. Supongamos que sale adelante porque a Puigdemont se le da un gallo que canta en catalán a cambio de sus votos, pues como no se reforme al mismo tiempo que la entrada en vigor de esa ley el Estatuto del Ministerio Fiscal, para que dejen de ser dependientes los fiscales de su superior jerárquico, así hasta llegar a ese Fiscal General del Estado (puesto por el presidente del Gobierno de turno), mejor nos olvidamos en este país de la democracia y del Estado de Derecho, porque la justicia será controlada desde el Ejecutivo. Claro que eso no pasará, y no porque los independentistas y exetarras voten en contra, que no lo harán, y yo los entiendo porque mejor que con este Gobierno no les va a ir nunca, al igual que comprendo a los que tienen un puesto de trabajo a dedo y cobran una buena paga sin preparación académica alguna. Lo que no entiendo es que ni siendo estómago agradecido, ni independentista, ni antiespañol, se esté de acuerdo con lo que está pasando en este país. En fin, esa es la grandeza o la miseria de los votos, que, si después regalas el citado gallo, aun perdiendo unas elecciones mandas, cambias de opinión y niegas la mayor negando lo que conocías de sobra. Y es que no sé lo que tiene el poder (además de la erótica, claro), porque te cogen en mil mentiras y sigues, o no puedes justificar 37 minutos un día en que la gente se está ahogando por una dana y te cuesta tanto irte por tu propia vergüenza, que necesitas que el pueblo te eche a insultos. Supongamos ahora que no se aprueba esta reforma, porque Junts dice que no la va a votar (otra cosa es que sea así a la postre), y también porque la mayoría de las asociaciones de fiscales se oponen, si no se les da total independencia para investigar delitos, todo quedaría en el aire estando ya en funcionamiento parte de las ideas de Bolaños. Es verdad que este proyecto establece unos jueces de garantía para controlar a los fiscales. Luego, partimos ya de una presunción de que pueden estar subordinados, cuando en realidad estoy seguro de que, al igual que ahora pasa, por mucha dependencia jerárquica que tengan, se limitan a aplicar la ley.

En definitiva, esta reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal impide acusar a los partidos, deja en manos de los fiscales la investigación de los delitos sin modificar su dependencia jerárquica, y lo que es más curioso, la UCO dependerá de los fiscales. Si eso ocurriera, puede ser que las chistorras fueran un embutido, las lechugas una hortaliza, los soles, astros, y los folios, papel. Menos mal que, una vez más, Europa va a tener que pronunciarse sobre ello, pues ya se le ha preguntado, si estas modificaciones se ajustan al Derecho de la Unión Europea y a los valores del Estado de Derecho. Veremos.

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