Opinión | Apuntes del natural
Yo sí que lo llamo ‘genocidio’
Felipe VI no utilizó ese término durante su discurso en la ONU, creo yo, para no distraer del conjunto de lo que decía, que fue lo suficientemente fuerte

Felipe VI durante su discurso a la Asamblea General de la ONU. / Europa Press
El discurso de la ONY. Como soy poco monárquico y no suelo hablar de los valores y beneficios que aportan reyes, reinas, príncipes y princesas al así llamado personal del pueblo, quiero señalar aquí que el discurso del rey Felipe VI en la ONU esta semana me pareció más que notable y que nos representaba debidamente a muchos españoles, a la mayoría, creo, aunque hay por ahí alguno o alguna que en las redes ha publicado cosas contra él. Se le vio valiente, mascando las palabras, hablando de masacre. No utilizó el término ‘genocidio’, creo yo, para no distraer del conjunto de lo que decía, que fue lo suficientemente fuerte; porque, si lo hubiese hecho, todo el mundo hablaría después de esa palabra y no de todo lo demás, que fue potente. Aunque yo, que no tengo problemas, sí que lo llamo ‘genocidio’.
Cena oficial. La verdad es que nuestra familia Real es bastante discreta, pero no hay más que ver las fotografías de la cena de Estado que los británicos le ofrecieron a Trump y a su mujer esta semana para entender mis sentimientos. Todo el personal Real cargado con kilos de chatarra, con tiaras y collares llenos de pedruscos que cegaban al personal con sus reflejos, casi todas estas piedras procedentes de países del Imperio Británico, de donde salieron diamantes y rubíes como huevos de gallina. La esposa del presidente de EE UU no se puso corona en la cabeza, pero llevaba un vestido amarillo que, según comentó una vecina mía muy versada en esto de la moda y el boato, «era horroroso, daba pena verla».
Explicación. Una mujer dice: «Lo de la Ayuso con lo de Gaza es de vergüenza ajena. ¿Cómo se puede estar apoyando a Israel viendo lo que estamos viendo cada día en los medios de comunicación? Que lo haga Trump, que está loco, vale, ¿pero ella?». Y un hombre le responde: «Creo que lo hace para significarse, para destacar, para que no sea una más del Partido Popular, sino una lideresa dispuesta a quitarle el puesto mañana mismo a Feijóo». Conversación en una mesa en la que yo estoy presente.
Sin lluvia y sin negocio. En Cartagena, cerca del campamento de las fiestas, un hombre joven está hablando con otro, ambos vestidos de romanos. «El miércoles, con lo del aviso naranja por lluvias, mucha gente no se atrevió a venir al campamento y los hosteleros se han quejado de que perdieron muchas ventas. Y luego no cayó ni una gota».
Crítica. Estas mismas personas siguen hablando y dicen que la representación del Circo Romano de este año ha sido la peor de todas las que se han celebrado en la historia de las Fiestas de Carthagineses y Romanos:«Aquello fue un ‘circo’, pero no un circo romano».
Vocacional. Voy a la consulta de mi médico de familia, un excelente profesional con muchos años de experiencia. Hablamos un poco de su trabajo: «Calculo que he visto a unos 350.000 pacientes», me dice sonriendo. Qué profesión esta de médico en general y de familia en particular. Si para ser profesor, como yo, siempre he defendido que te tiene que gustar ese trabajo, que debes sentir una cierta vocación, ¿qué se necesitará para ser médico de familia?
Poco valiente. Dos mujeres mayores esperan su turno para el médico. Una de ellas dice: «Yo vengo por mi marido, que está fatal de la próstata, el pobrecico, pero le da mucho miedo operarse».
A la cárcel. Tremendo lo del expresidente de Francia, Nicolas Sarkozy. Que va de cabeza a la cárcel. Que ingresa en prisión un día de estos. Lo han condenado a cinco años por percibir dinero de Gadafi a cambio de favores diplomáticos ilegales a este dictador de Libia. Él dice que es inocente, pero la jueza que lo ha juzgado no se lo ha creído. Parece ser que es la primera vez que un presidente francés acaba en prisión.
Buena persona. En la caja de un supermercado, un hombre está pasando su compra, un carro lleno de comida y bebidas. El siguiente en la cola es un africano con solo una bolsa de arroz en la mano que espera su turno para pagar. El hombre de la compra grande lo mira y le dice a la cajera: «Pásaselo y me lo pones en mi cuenta, que no espere más». Y así lo hacen, y el emigrante le da las gracias de una manera conmovedora, y todos los que lo vemos pensamos que hay gente horrible, pero que también hay mucha, mucha gente en Murcia, que es sencillamente estupenda.
Cine. He visto la película Sirat. Oiga, impresionante. Cómo la disfruté. Me tuvo todo el tiempo enganchado, sin poder despegarme, sin querer perder ni una sola imagen. La primera hora es interesante porque nos muestra un mundo, el de las raves, que es desconocido para muchos y crea curiosidad a la vez que ternura y un cierto rechazo. La segunda parte te deja asombrado con los giros de guion que se producen, porque en ningún caso te puedes esperar que la película vaya a evolucionar de ese modo. Es también muy interesante que solo dos de los personajes, un padre y un chico de 12 años, estén representados por actores profesionales. Todos los demás los interpretan hombres y mujeres que suelen acudir a raves, y, claro, aportan una verdad increíble a la película. Y qué decir de la música electrónica que suena casi todo el tiempo. Llega a meterse dentro de tu cabeza y no puedes apartarla de las imágenes. Aunque nada más sea por lo diferente que es, merece la pena que la vean.
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