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Opinión | El prisma

El cónclave de barones populares | Ilusiones ('wishful thinking')

A estas alturas, el país no está para muchas declaraciones de intenciones sobre temas candentes, sino más bien para programas firmes y decididos

Imagen de archivo de Fernando López Miras y Alberto Núñez Feijóo durante un acto en Murcia.

Imagen de archivo de Fernando López Miras y Alberto Núñez Feijóo durante un acto en Murcia. / Juan Carlos Caval

Cuando alguien, si lo hay, lea esto, ya habrá concluido el gran cónclave popular del fin de semana en Murcia con el acto de exaltación del líder Feijóo en el Auditorio regional. Sin sorpresas, me atrevo a augurar a riesgo de equivocarme. En pocas otras ocasiones me habría gustado tanto hacerlo. Porque los prolegómenos de la reunión han sido tan previsibles durante toda la semana y las líneas maestras del ‘gran’ partido de la derecha española tan monocordes, con permiso de la señora IDA, que se puede dar por descartado cualquier posible sobresalto. Ahí queda ya el plan de inmigración, que da para una tesis doctoral más que para un artículo.

Aparte de eso, todo lo demás son ilusiones; o wishful thinking, que queda muy moderno. Para muestra un botón, que se dice. Alma Ezcurra, una nueva valor popular, avanzó que en la reunión «se apuntarán ya las primeras líneas» sobre las propuestas de Feijóo para un plan de inmigración, asunto que, tal que se sabe, puede preocupar o no en Murcia, pero está siendo leitmotiv de una ofensiva ultraderechista de los Santiago-y-cierra-España como se vio en Torre Pacheco y en Jumilla.

A estas alturas, el país no está para muchas declaraciones de intenciones sobre temas candentes, sino más bien para programas firmes y decididos, sin contemporizaciones absurdas con la agresividad racista y xenófoba de los voxistas para aprobar unos Presupuestos o mantener un Gobierno regional.

Vaticinó también la vicesecretaria de Organización, mano derecha de Miguel Tellado, que de la reunión de 11 presidentes autonómicos una «coordinación real de gestión entre comunidades que funcionan». Cosa que no vendrá nada mal a la Región, si acaso hubiera algún territorio regido por la derecha que gestione bien la educación –desterrando disparates como el vivido en Murcia con las oposiciones de junio y el inicio de curso en septiembre– o la sanidad –disminuyendo derivaciones y conciertos con hospitales privados y aumentando recursos en centros sanitarios públicos–.

Desde luego, es de esperar que no cunda el exitoso ejemplo de la señora IDA (Isabel Díaz Ayuso) en esos dos rubros. Es de temer que, lamentándolo mucho, en esto el firmante se equivoque de cabo a rabo. En su descargo, la explicación está a mano: la pésima financiación autonómica que Pedro Sánchez ha sido incapaz de cambiar en siete años (2018/2025), emulando en tiempo e impotencia a la de su predecesor Mariano Rajoy (2011/2018).

Dadas las características del encuentro murciano, probablemente saldrá de él un plan irrenunciable de plataforma estatal conjunta sobre la irregular e injusta financiación autonómica que amigará a los presidentes asistentes de Cantabria, La Rioja, Extremadura e Islas Baleares (las mejor financiadas) con los de Murcia, Valencia, Madrid y Andalucía (las peor financiadas). Las ocho, gobernadas por el PP. Con ese documento común, el PP tendrá asegurada una baza electoral de primera magnitud para esas elecciones generales que son inminentes desde hace dos años. Aunque es muy de temer que el cronista yerre en esto también y no habrá ni baza ni plan. Para compensar, quizá los barones populares mantengan su acuerdo general de no cumplir la Ley estatal de Vivienda para que todo siga igual.

En cualquier caso, si hay tema en el que a los populares se les resquebraja la coordinación máxima es en el genocidio en Gaza. Las posturas de doña IDA al respecto serán sin duda sopesadas. Pero el miércoles el presidente gallego, Alfonso Rueda, en quien Feijóo depositó todas sus complacencias cuando se fue a Madrid, pronunció confusamente la palabra maldita en el Parlamento de Compostela: primer jefe derechista en hacerlo, aunque antes la extremeña María Guardiola verbalizara «la barbarie y el horror» que allí se viven.

De manera que en el gran acto del Auditorio, los populares ya estarán, ¡seguro!, de acuerdo en rechazar las comparaciones ridículas de doña IDA y su veto a la bandera palestina en los colegios madrileños y saludarán la enseña negra, blanca, verde y roja enarbolando kufiyas solidarias al viento. Seguro, ya digo. Y ni ‘mu’ sobre genocidio, la palabra maldita, en línea con el señor Borbón.

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