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Opinión | Entre letras

Javier Díez de Revenga

Poetas en China

Balcells Doménech logra reconstruir en ‘Asombros fugaces’ la experiencia de seis poetas españoles en China a través de sus versos

José María Balcells

José María Balcells

José María Balcells Doménech, Catedrático de Literatura Española de la Universidad de León y veterano estudioso e investigador de nuestra historia literaria, acaba de publicar en Taichung (Taiwan) el libro Asombros fugaces: China en seis poetas españoles, un revelador y sorprendente ensayo en que el que recoge las peripecias de unos poetas españoles en China y el reflejo de sus viajes al país asiático en su poesía. El volumen lo publica Ediciones Catay en su colección Universitas Taiwanesa y en él aborda la presencia de la cultura, la vida y la historia de China en la obra lírica de media docena de escritores españoles de generaciones histórico-literarias distintas y sucesivas que han conocido el país asiático.

Logra Balcells reconstruir unas experiencias, con sus sorpresas y aventuras, que han trascendido a través de los versos de seis excelentes observadores sentimentales de realidades que aparentemente pueden considerarse muy ajenas o alejadas al propio espíritu del escritor, a su biografía e incluso a su trayectoria literaria. Pero la sensibilidad estética, la implicación personal y el impacto psicológico de las seis experiencias han construido, sin embargo, espacios poéticos que han merecido al investigador su detención y estudio, para descubrir y mostrar la dimensión de los asombros y la calidad lírica de los resultados, reveladores de que, en sus universos líricos, cada uno de estos poetas ha llegado a construir un mundo personal con un trasfondo insólito.

Son poetas de diferentes generaciones. Así, a la del 27 del pasado siglo pertenecen tres de los autores estudiados: Rafael Alberti, Juan Rejano y Carmen Conde. A la de 1936, Guillermo Díaz-Plaja, a la de 1950-1960, José Corredor-Matheos, y a la de los años setenta, Antonio Colinas. Seis poetas, en efecto, muy distintos, por lo que cada uno de ellos ha mostrado en su obra una China particular, que también tiene mucho que ver con el momento histórico en que visitaron el inmenso país. Rafael Alberti y Juan Rejano viajaron allí en la segunda mitad de los cincuenta, en 1957 y 1959 respectivamente, en la época de Mao Zedong y la Revolución Cultural. Invitados por la Internacional Comunista, a los viajeros se les mostraron los supuestos progresos y los avances en el país desde la perspectiva de la revolución interna proyectada. Carmen Conde y Guillermo Díaz-Plaja viajarían muchos años después, cuando la era de Mao había finalizado y nuevos vientos surgían allí con nuevos dirigentes. Corredor-Matheos y Colinas llegarían ya entrado el siglo XXI, en la época de Hu Jintao, al que sucedería en 2013 el actual líder Xi Jinping. Como se puede advertir, son épocas de China muy diferentes y las reacciones de nuestros poetas lógicamente resultan de lo más diverso.

Así, Rafael Alberti, en los poemas de Sonríe China, que publica en Buenos Aires en 1958, completado con textos en prosa de María Teresa León, muestra los cambios estructurales que se forjan en aquellos territorios. Lo mismo que recopila Juan Rejano en sus poemas, que se publicaron póstumamente, así como en un diario en prosa que se conserva de aquellos meses en el país asiático.

En 1976, Carmen Conde viajó a China y de esa aventura surgió uno de sus libros más singulares, Hermosos días en China, que no publicaría hasta 1986. Señala Balcells que este libro «supuso la primera contribución lírica inspirada enteramente en China que debemos a una poeta española, añadiendo una cota más a esos aportes pioneros tan habituales en la escritora». Descubre Carmen la China surgida después de la tan traumática etapa de la Revolución Cultural y de la muerte de Mao. Pero también hay que recordar a la escritora que se entusiasmó con los habitantes, las muchedumbres cantando, los niños que se aproximan a los viajeros, las muchachas sonrientes. Una China viva y sentida con pasión como era habitual en la gran escritora de Cartagena.

Por su parte, Díaz-Plaja elaboró una obra híbrida, China en su laberinto, publicada en 1979, en la que confluyen el libro de viajes, páginas ensayísticas, así como series de poemas líricos propios o glosas de algunos poetas del país. Para Corredor Matheos, conocer China supuso entrar en contacto con su cultura milenaria, en cuyas filosofías se había adentrado previamente y que ya representó en su libro Carta a Li-Po, de 1975. Por último, Antonio Colinas, influido por el sincretismo filosófico chino desde su libro de 1982, Noche más allá de la noche, los dos viajes que realizó se reflejan en su libro de 2005 La simiente enterrada. En la confluencia de tantos asombros fugaces, el libro muestra un interés singular por su carácter de investigación única en los estudios de la poesía española.

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