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Opinión | Horizonte de sucesos

Un escritor total

Antonio Fernández Molina retrata en esta colección de escritos a Gómez de la Serna, que fue a la literatura lo que Picasso al arte

Libro

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Antonio Fernández Molina fue un poeta y artista plástico asociado al postimo. Escribió teatro, poesía, narrativa y ensayo, dedicando algunos de sus estudios a artistas como Picasso o Dalí.

Varios de los textos sobre la obra de Gómez de la Serna han sido recogidos por la editorial Libros del Innombrable, que los ha organizado a pesar de su dispersión, dándoles un sentido unitario y coherente. El resultado es un libro singular, original y ameno, que explora, como un caleidoscopio, la obra y el estilo literario y artístico del creador de las Greguerías.

A lo largo de breves textos, que se han agrupado por temas según el criterio del editor Raúl Herrero, se presenta este Ramón Gómez de la Serna, un libro en sí mismo ramoniano, que combina aspectos de la obra del autor y de su biografía, ambas inseparables, porque como el propio Fernández Molina advierte, Ramón fue un hombre entregado total y perseverantemente a la literatura. La obra de Ramón es proteica y abundante, repartida en artículos, novela, cuentos, autobiografías, memorias, ensayos sobre arte o literatura, teatro y piezas inclasificables dedicadas a temas tan variopintos como el circo, el rastro o los senos femeninos. Ramón es una literatura en sí misma y, como indica Fernández Molina en reiteradas ocasiones, un autor que ha inspirado a generaciones enteras. Que a pesar de no haber escrito poesía (salvo alguna excepción) también inspiró a una generación de poetas. Es, en definitiva, a la literatura, lo que Picasso al arte.

Fue Ramón un escritor avant la lettre, que anticipó el surrealismo, el cubismo o el absurdo kafkiano. Porque Ramón no se limitaba a escribir y a componer libros, los extraía de la realidad que había a su alrededor, la reconfiguraba según él mismo. Es, aprendemos en este libro, un escritor de la mirada. Un poeta que jamás escribió versos, porque la poesía estaba en el mundo, en los objetos banales, y él supo extraer de ellos la lírica vibrante que los animaba. Con humor e inteligencia. Con la originalidad y la vitalidad del escritor que vive en su propia obra. Además de explorar en su vasta producción, aquí busca su autor conexiones con otros autores, como Baroja, Bécquer o Apollinaire.

Dio extravagantes conferencias, subido en un trapecio, extrayendo objetos inesperados de una maleta o junto a una serpiente disecada para hablar de… otra cosa. Además de sus escritos, Ramón también realizó una gran cantidad de dibujos para ilustrar sus textos, greguerías o artículos. Dibujos que sirven como sostén de un universo imaginario, que oscila, como todos sus lectores saben, entre el humor y la vida, entre la literatura de imaginación y el amor mágico a lo inesperado.

Se ha abusado mucho del término ‘artista total’ y quizá no sea apropiado para definir a Ramón. Pero qué duda cabe que sí que fue un escritor total. El volumen lo complementan cuatro artículos de Andrés Rubio sobre el autor.

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