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Opinión | La bolsa y la vida

Indicadores, tendencias y entorno chocan en los mercados

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Trump carga contra la ONU durante la Asamblea General del organismo multilateral.jpg / EP

El entorno, los indicadores y las tendencias andan a tortas en los últimos tiempos. Nunca ha sido tan evidente la disrupción entre los teóricos bursátiles que defienden tendencias en base a criterios técnicos o fundamentales. ¿Pero es correcto ceñirse a esos corsés? El marco geoestratégico actual invita a pensar que el único ganador claro es la incertidumbre, pero la inteligencia artificial y la proliferación de herramientas de toma de decisiones para la inversión amenaza con desencadenar una tormenta bursátil perfecta en los próximos tiempos.

Eriza los vellos escuchar a inversores convencidos de la evolución bursátil de las próximas semanas. Especialmente a aquellos que analizan las evoluciones de los precios desde un punto de vista exclusivamente técnico o chartista. Demasiados elementos quedan fuera. Pero si alguien se queda en el contexto, le faltarían elementos para juzgar las decisiones colectivas que marcan la evolución de los índices o el precio de las acciones, por ejemplo.

En este mundo efectivamente polarizado hay extremistas, también en las bolsas. Los defensores del análisis técnico más convencidos, especialmente aquellos que siguen a gurús de la compraventa y que han ganado en los mercados alcistas de los últimos tiempos, aseguran que los precios descuentan todo, que los gráficos no mienten y las cuentas de las empresas sí. O que la historia de las compraventas se repite en el tiempo y que expresiones como soporte o resistencia, o las figuras, solo son muestra de la repetición de comportamientos humanos lógicos entre oferta y demanda de forma gráfica.

Al otro lado están los inversores más economicistas y que alardean sin dudar de que el análisis técnico es solo para iletrados, que con la evolución pasada de la oferta y demanda no es posible aventurar el futuro o que tras un precio existe un referente de valor, aquello que hace que cualquier activo pueda considerarse barato o caro.

La visión más holística tiende a ganar en la contienda. Así el análisis fundamental puede dar las pistas adecuadas sobre qué activos son atractivos. Por ejemplo, la inteligencia artificial o los ordenadores cuánticos son una apuesta de futuro. Hoy parece indiscutible. El análisis técnico tiende a ser una herramienta útil para decidir el mejor momento para comprar cualquier activo que resulta atractivo desde el punto de vista fundamental. Pero el tercer elemento es el más complejo de implementar, ya que puede cambiar de manera inesperada. Es el contexto. Las bolsas están en situación de récord, las expectativas en torno a determinados sectores son muy altas y la situación de inestabilidad internacional es creciente. La OCDE asegura que no es posible que la guerra arancelaria y el contexto bélico vayan a tener un impacto despreciable en la economía estadounidense. Sin embargo, nadie ha encontrado todavía cuál es el mejor momento para vender. Hace muchos meses que se auguraba un recorte en el precio de las criptomonedas, por pura lógica técnica. Pero ni siquiera en este mercado tan inestable el raciocinio de la oferta/demanda triunfa sobre el deseo de revalorizaciones eternas. Pero cansa ser agorero mientras los criterios técnicos siguen desmintiendo a los fundamentalistas y al amenazante entorno. Prudencia en cualquier caso.

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