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Opinión | Tribuna libre

Carmen Martínez-Fortún

Edad y sensatez

Por no sentir vencidos de la edad mi mens sana in corpore sano, sigo el consejo de Clint Eastwood y no dejo entrar a la vieja. Pues es apuesta de futuro luchar contra los achaques, que el tiempo que se gana sin sucumbir a ellos solo se consigue combatiéndolos, mas sin insensateces.

Aumenta cada día la publicidad de productos antiaging, esos que prometen luchar contra lo inevitable, batalla perdida, y acompañan sus promesas con caras de jovencitas indecentemente jóvenes e imposiblemente bellas, como si por ponernos esas cremas usted y yo querido lector, amable lectora, pudiéramos nunca soñar en volver a lucir esa piel perfecta, si es que alguna vez la tuvimos. Y se extiende también la oferta de soluciones salvadoras para los clientes de edad avanzada, sobre todo en algunas cadenas cuyos directivos intuyen que contemplan los abueletes.

Sonotones, salvaescaleras, artilugios para mover los pies mientras se duerme la siesta, cada vez más los que nos acercamos a la edad más que madura sufrimos un aluvión de artículos contra las barreras que la vida se empeña en alzar. La vejez como negocio, a veces explotando el ansia falaz de juventud con soluciones que no lo son.

Para colmo, me cuenta mi hija que muchachas de su edad con el cutis terso se inyectan ya para combatir unas arrugas que solo están en su imaginación y en su miedo inútil por envejecer.

Numerosas víctimas deja ya esa locura antiedad. Y no es la menor la cara de Sánchez tras su último recauchutado. Un hombre indiscutiblemente guapo que habría mejorado muchísimo con menos bótox y más chuletones con patatas fritas. Amén de menos crispación y más meditación y sosiego.

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