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Opinión | La balanza inmóvil

La normalidad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control celebrada este miércoles en el Congreso de los Diputados.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control celebrada este miércoles en el Congreso de los Diputados. / J. J. Guillén / EFE

Todos lo mismo, los ministros de Sánchez repiten una y otra vez lo que el jefe les ordena decir. Que si fachosfera, que si son bulos, que ellos no sabían nada, que actuaron con rapidez cuando se enteraron, que la culpa la tiene la derecha y la extrema derecha que son lo mismo, que los jueces les tienen manía, que los jueces son unos fachas, que los jueces hacen política... Y lo más reciente es repetir la palabra «normalidad». Todo se enmarca en lo normal, obedientemente reiteran una y otra vez ministros, portavoces y diputados. Así, ven normal que un presidente de la Generalitat vaya a rendirle pleitesía a Bruselas a un prófugo de la justicia, cuando lo que debía hacer es impedir que se ría más de la misma y de los españoles, y favorecer su enjuiciamiento. Es normal que éste venga a Barcelona y no lo detengan a pesar de que un juez del Supremo lo tiene ordenado. Es normal que durante un año viajen en un coche recorriendo España cuatro personas y tres de ellas están siendo investigadas por corrupción y el cuarto no se enterara de nada. Es normal que tu suegro tuviera saunas donde presuntamente se ejercía la prostitución de ambos sexos y ahora quieras prohibirla. Es normal que a tu mujer sin haber estudiado ni una asignatura en la Universidad se le adjudique una cátedra en la misma. Es normal que tu hermano no sepa dónde trabaja, ni quiénes son sus compañeros, ni sus funciones, pues lo único que sabía mucho antes era que le iban a nombrar para el puesto. Es normal que te vayas a reflexionar al palacio cuatro días para después decir que como eres el bueno y los demás son malos, no abandonas el barco. Es normal que no habiendo ganado las elecciones gobierne (o esté en La Moncloa) por conceder a los independentistas y a los exetarras todo lo que piden. Es normal que haya enfrentado a Cataluña con el resto de España con sus concesiones económicas rompiendo la caja común para que todos paguemos sus deudas, sin obviar otros privilegios, como no recibir a menores extranjeros. Es normal que uses el Falcon para viajes particulares que se pueden hacer en coche (Madrid-Doñana). Es normal que una vicepresidenta de Venezuela a la que le está prohibido pisar territorio de la Unión Europea, no solo pise España, sino que además un ministro vaya a recibirla a pie de avión con consentimiento de Sánchez. Es normal que en Europa esté más solo que en España, que ya es decir, donde recibe insultos cuando pisa la calle, como cuando huyó de la gente al visitar pueblos valencianos afectados por la dana, mientras el rey mantenía el tipo con valor. Es normal que mantenga en su puesto a un fiscal general del Estado que borra mensajes y que está imputado, cuando debe ser el garante de la legalidad. Es normal que no se aprueben presupuestos generales del Estado durante dos años y no se convoquen elecciones generales. Es normal que se puentee al Congreso de los Diputados mediante la emisión de Decretos Leyes. Es normal que los trenes cada dos por tres fallen por la catenaria o el robo de materiales, o por lo que sea, y el ministro del ramo, que más se dedica a las redes sociales que a su ministerio, no solo no dimita, sino que incluso diga que nunca han funcionado mejor los trenes en este país. Es normal que se quiera silenciar o ningunear a los medios de comunicación que no le bailan el agua. Es normal que se amnistíe a los delincuentes para permanecer en el poder. Es normal que se exija a las empresas que atiendan a sus clientes en catalán si tienen más de 250 trabajadores y si facturan más de 50 millones de euros, por exigencia de un huido de la justicia. Es normal que se aliente a boicotear la vuelta ciclista. Es normal que se diga que no fue una manifestación violenta cuando 22 policías nacionales resultaron heridos por no darles cobertura...

Todo eso, para la mayoría de los ciudadanos no es normal. Y para una democracia tampoco lo es, pues es un sistema político y de organización social donde la soberanía reside en el pueblo, y los representantes elegidos deben velar por los intereses de toda la población (y no por los de una minoría por interés personal). Las características de toda democracia, además de esa soberanía popular, son el equilibrio de los tres poderes del Estado de Derecho, la igualdad entre todos los españoles, el respeto a las libertades individuales y la limitación de poder, donde la Constitución es el límite supremo. En una dictadura, por el contrario, un líder impone su autoridad sobre la nación.

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