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Opinión | La Feliz Gobernación

Púnica: todo por un crecepelo

La sentencia que condena a la cúpula de la consejería de Turismo del Gobierno de Alberto Garre tiene el tono de una crónica periodística. Tengo que mirar si ciertos párrafos han sido copiados literalmente de algunos de estos artículos, por aquello de los derechos de autor. El texto nos da cuenta del clima político en la Región hará ya unos once años. Le faltan, eso sí, referencias colaterales para adornar el contexto, pero para eso está uno aquí. Sinopsis casi completa:

Valcárcel se escapa al Parlamento Europeo un año antes de que concluya su mandato e improvisa un sucesor en Alberto Garre tras la negativa de Francisco Celdrán a hacerse cargo de los trastos. Garre nombra consejeros a Pedro Antonio Sánchez y a Juan Carlos Ruiz, quienes, como señala la sentencia, «aspiraban a ser designados como candidatos a la presidencia de la Región de Murcia, moviéndose por intereses enfrentados».

El primero es en aquel momento el favorito del hiperlíder a la fuga, pero Ruiz piensa que no hay nada escrito y, por si fuera poco, Garre no se resigna a ser presidente de pon y quita y pretende revalidarse. En esas, los dos consejeros reciben una oferta para blanquearles la reputación digital a cargo de fondos públicos y ambos la consideran, a pesar de que el crecepelo es idéntico, de modo que no se entiende qué ventajas obtendría uno sobre el otro.

Pedro Antonio tiene la suerte de que un chivatazo desvela la existencia de una investigación de la Guardia Civil sobre esta operación y retira el bolígrafo del papel momentos antes de trazar el garabato de la firma, pero Ruiz ya ha estampado la suya, y se pilla los dedos. El primero también paga políticamente su gesto, pues pierde el apoyo de Valcárcel, pero a esas alturas ya ha adquirido la plena influencia sobre las baronías locales del partido, y se posa en el poder con relativa facilidad. A Garre se lo carga de un soplido, y Ruiz ya había caído en la trama Púnica, de la que él se salva por el minutero. Sucumbiría, sin embargo, dos años después por el arrastre de otras trapisondas que traía de la alcaldía de Puerto Lumbreras. Una crónica periodística convertida, casi literalmente, en sentencia judicial.

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