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Opinión | El especialista

La vuelta al cole

Alumnos de un colegio público.

Alumnos de un colegio público. / L. O.

Todo llega según lo previsto y la vuelta al cole la tenemos a la vuelta de la esquina, valga la redundancia. Ya saben que las clases comienzan en la Región de Murcia el próximo lunes 8 de septiembre en Educación Infantil, Primaria y Educación Especial; alumnos que finalizarán su curso el 22 de junio de 2026. Los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Bachillerato y Educación de Adultos comenzarán tres días después, el 11 de septiembre, y terminarán en la misma fecha. Y, por si no fuera poco, las fiestas de Murcia y Molina de Segura para no relajarse.

Estos días mezclamos ilusión, miedo y preocupación, porque a la ilusión de comenzar un nuevo curso se une la preocupación de la cuesta de septiembre. Todos sabemos que es más temida que la de enero y con diferencia, pero bueno, ambas están ahí esperándonos siempre. El mes de septiembre siempre lo recordamos con su inconfundible olor a libro nuevo, con su correspondiente forro, material escolar recién comprado, sus mochilas, libretas, bolígrafos, etc. Con la ilusión de los niños de conocer nuevos compañeros, reencontrarse con los de siempre, amistades que, en muchos casos, serán verdaderos guerreros en el futuro de dicho lazo de unión, amores tempranos que consolidarán un futuro esperanzador y muchas relaciones que merecerán la pena.

Para los padres, en cambio, la vuelta al cole es un verdadero desafío económico y de organización, porque cambia toda la rutina. Ahora podrán ‘descansar’ de sus hijos durante unas horas, pero es cierto que miles de familias tienen que hacer malabares para comprar los libros de texto, el material escolar y por si no fuera poco, el uniforme de los críos. Ahora entenderán algunos lo que decía de la temida cuesta de septiembre.

Me he gustado mucho una reflexión hecha por el maestro cartagenero Arturo Pérez-Reverte en el programa El Hormiguero, en el cual recalcó la importancia de leer, informarnos y culturizarnos, ya que, según él, esa es la mejor forma de que no nos tomen por tontos y se aprovechen de nosotros. Que cada uno saque sus conclusiones.

No podía escribir este artículo sin comentar el maldito vicio que tienen algunos padres y madres de querer llegar hasta el colegio, hasta la misma puerta, al precio que sea, poniendo en peligro lo que haya que poner, incluso si hay que meter el coche a la clase del chaval para abrir la puerta y que se siente en el pupitre mucho mejor, que para eso pagamos, dicen algunos descerebrados, carentes de empatía, que desconocen, por maldad o ignorancia, que los derechos de una persona no son infinitos, finalizan cuando comienzan los derechos de otro, así de fácil. Cada mañana, a la misma hora, la escena se repite en la puerta de cualquier colegio, coches en doble fila, cláxones impacientes, prisas y una sensación de caos que convierte lo que debería ser un momento cotidiano en un auténtico problema de tráfico. Si no hay guardia, que dónde está el guardia y si hay guardia, que vaya caos genera el guardia. La imagen es tan común que hemos acabado normalizándola, pero detrás de esos atascos se esconden riesgos evidentes para la seguridad vial y para la convivencia en el entorno escolar.

Tengo la solución, madrugar más, si siempre llegas cinco minutos tarde, levántate más temprano, sal diez minutos antes y llegarás a tiempo. Es cuestión de organizarse. Lo que está claro es que seguir mirando hacia otro lado no resolverá el problema, porque los atascos en la puerta del colegio son un síntoma de una movilidad urbana que necesita repensarse desde la raíz, quizás no ir siempre en coche y aprovechar el paseo por caminos escolares seguros puede aliviar este problema.

La vuelta al cole, en definitiva, es un verdadero espejo de la sociedad que somos. Una mezcla de ilusión y preocupación, de esperanzas renovadas y de retos pendientes. Ojalá este curso, además de enseñar matemáticas y geografía, sirva para reforzar valores tan básicos como la igualdad de oportunidades, la empatía y la capacidad crítica. Porque educar no es solo llenar cuadernos, de lanzar una charla sin más, sino formar ciudadanos capaces de transformar el futuro. Y ahí todos tenemos responsabilidad, comenzando por los padres, pero especialmente los educadores, con imparcialidad, profesionalidad y dosis de realidad. Estamos hartos de engaños, de odio y de envidias, queremos avanzar.

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