Opinión | La Feliz Gobernación
Murcia, del morbo al muermo
Recogerse antes de que salgan los barrenderos es una distopía que se ha naturalizado como voluntaria cuando en realidad responde a la represión del Estado

Un bar cerrado en Murcia, en 2024. / Juan Carlos Caval
En los tiempos de vino, rosas y otras cosas, quiero decir por aquellos 80 y 90, Murcia no cerraba nunca. Y si parecía que cerraba, siempre quedaba algo abierto si conocías la ruta adecuada. Estábamos encantados de ser europeos, pero nos reíamos de Europa, donde los exploradores contaban que a partir de las 12 de la noche echaban el telón. ¡Dios, qué gente más aburrida! Tanta productividad, para qué, si no sabían disfrutar de sus beneficios. Más samba y más trabajar, bailábamos con el goce añadido de lo paródico.
Ahora nos tenemos que tragar aquellas chanzas sobre los aburridos europeos. Todo se pega. Murcia, sin ir más lejos, se nos ha ido convirtiendo casi sin darnos cuenta en una ciudad muermosa cuando antes era tan morbosa. Sales a cenar y no encuentras un lugar donde tomar la copa. ¿Es que no tenéis casa? Te responden si preguntas.
Hay una inquisición contra la noche, contra los sagrados bares, en parte por los derechos del vecino dormilón, pero también, y es indisimulable, por esa moralina ambiental que caracteriza nuestro tiempo con la coartada de la salud, de la higiene pública o de cualquier otra paparrucha con la que nos confinan. Recogerse antes de que salgan los barrenderos es una distopía que se ha naturalizado como voluntaria cuando en realidad responde a la represión del Estado.
Murcia es una ciudad hermosa, que ha mejorado mucho respecto a su pretérito, pero se ha vuelto pudorosa, no quiere que la veamos de noche. A partir de las cero horas ha institucionalizado el apagón. Prefiere a los guiris, esos espectros que entre cañas al sol a precio de oro y selfis en sus paseos en busca de históricas piedras acaban rendidos antes del atardecer. Si Raphael fuera murciano no habría días especiales para él, pues no saldría en busca de su gran noche.
Si alguien desde un balcón te ve por la calle a la una de la madrugada, y peor si vas fumando, que sepas que has perdido para siempre tu reputación. Algo debíamos haber sospechado cuando nos asociamos a la pacata Europa. Leo que en Suecia ni siquiera encienden las farolas. Aquí, estamos en ello. Camarero, otra copa, por favor.
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