Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Premios Laik Región de Murcia

Opinión | ACHOPIJO

Alcaraz y la felicidad

Reafirmo mi Alcarazismo, y ya no es sólo tenístico. Ni solo murcianístico

Carlos Alcaraz posa durante el sorteo del cuadro final

Carlos Alcaraz posa durante el sorteo del cuadro final / Europa Press

He visto el documental de Carlitos y me posiciono en la felicidad. Lo vi tarde, y ya amedrentado. Dirigido a pensar que Carlitos casi que ya era un juguete roto que pasaba del tenis porque lo que le mola es Ibiza. Reconozco que al principio dudé. Olvidé cómo es el mundo de la mísera profundidad de las cosas y tik tok, y me tragué el anzuelo. Aunque bueno, también reconozco que no del todo. Alguna vacuna me vale estar a dos cafés de los cincuenta. Y ser periodista, supongo. Así que lo vi ya tras escuchar a otros tenistas darle lecciones. Después de verlo lo primero que quiero escribir, porque ya lo he dicho, es que reafirmo mi Alcarazismo, y ya no es sólo tenístico. Ni solo murcianístico. Aquí le falta algún partidico más en Nueva Condomina y crecer juntos… Todo llegará. Ahora lo más importante es que soy Alcarazista convencido por fondo, por idea, por naturalidad y por una forma de estar en el mundo.

La forma es bastante murciana. Mediterránea si queremos universalizar, que hablamos de Carlos Alcaraz, ya leyenda del tenis mundial. Haga lo que haga. Premio Laurel de Murcia, no lo empequeñezcan. Carlitos quiere ser feliz. Señores del tenis que se han pasado la vida como en los minutos de la peli en los que la música acompaña a un entrenamiento feroz, día y noche, y terminan subiendo escaleras y emulando a Sylvester Stallone en Rocky, nada de lo que dice y hace Carlitos es sinónimo de elegir Ibiza y olvidarse de entrenar. La dureza del tenis, del deporte hoy en día es, precisamente, lo que ya conoce Carlos Alcaraz. O así lo entiendo yo tras escucharle. Tras verle comerse una marinera con su encantadora y educadísima familia en su casa. Ser feliz no es renunciar a la responsabilidad deportiva. No tenemos la medida de cuánto de esfuerzo y cuanto de disfrute hay que poner en la olla para que nos salga el mejor de la historia, pero sí estoy seguro de una cosa: la receta es distinta para cada persona.

Alcaraz busca su segunda corona en Roland Garros

Alcaraz busca su segunda corona en Roland Garros / EFE

El brillo en sus ojos y su sonrisa perdiendo un punto flipante en un torneo donde te está mirando todo el mundo vale mucho más que ganar siempre, incluso siendo feliz ganando. ¿Su manera? Pues claro. Su manera, lo deja claro, es no renunciar a ser feliz. Pero tampoco a ser el mejor. Que a nadie se le resquebraje el mundo. Si quieren acusar de ingenuidad a Carlitos, háganlo. Es un elogio aquí en Murcia ser ingenuo. Hay mucho de ingenuidad en la felicidad y no es malo reconocerla. Pero no, no es ingenuidad. Es naturalidad en estado puro. Como ésa milésima en la que Carlitos decide hacer una dejada. Tener el objetivo de ser feliz en la vida, al menos al mismo nivel que todo lo demás no me parece que signifique renunciar a nada. Al revés. Es mucho más inspirador. ¿Más difícil? No lo sabemos. La felicidad, decía mi abuela, abre todas las puertas. Y solo perdemos lo que dejamos de buscar. ¡Vamos Carlitos! Vale.

Tracking Pixel Contents