Opinión | Día Internacional de los Trabajadores
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Primero de Mayo: la otra transición necesaria
Las personas trabajadoras y quienes las representamos salimos hoy, Primero de Mayo, a recordar que nuestra fuerza para cambiar las cosas reside hoy, más que nunca, en la solidaridad y en la lucha colectiva

Foto de archivo de la manifestación por el Primero de Mayo el año pasado, en la Gran Vía de Murcia. / Juan Carlos Caval
Llegamos al Primero de Mayo tras un apagón eléctrico gravísimo y pendientes del impacto que puedan tener los aranceles de Trump, si finalmente se aplican. CC OO, USO y UGT, ante esta situación, tenemos claro que seguiremos dando una respuesta unitaria para proteger el empleo y fortalecer los servicios públicos. Solo desde la unión se pueden afrontar con éxito las adversidades.
Dicho esto, desde nuestras organizaciones queremos seguir poniendo el acento en los retos que tiene nuestra sociedad y, especialmente, nuestro mercado laboral. Seguimos siendo una de las comunidades con mayor proporción de trabajadores pobres, con menor renta per cápita y con mayores porcentajes de población en riesgo de pobreza o exclusión social y, al mismo tiempo, somos una de las regiones donde más crece el número de ricos.
Además, muchas trabajadoras y trabajadores continúan viendo penalizada su afiliación o su actividad sindical y/o sufriendo discriminaciones, abusos y exclusiones por su sexo, su orientación sexual o identidad de género, su origen, su edad o por tener alguna discapacidad.
Y un mercado de trabajo que menosprecia o infravalora a buena parte de su fuerza de trabajo, que no promueve la participación de las personas trabajadoras, que no invierte lo suficiente en prevenir los riesgos laborales y que no posibilita un reparto equitativo de la riqueza, es un mercado, no solo injusto, sino condenado a ser ineficiente, poco productivo y difícilmente sostenible.
Por ello, al igual que nuestra economía enfrenta el doble desafío de avanzar en la transición ecológica y digital, nuestro modelo de relaciones laborales viene urgido a transitar hacia un paradigma más inclusivo, equitativo, con calidad y centrado en el bienestar de las personas.
Y eso pasa, en primer lugar, por seguir en la lucha feminista, en la calle, en las mesas de negociación, en las empresas, denunciando una brecha salarial que en la Región rebasa el 20%, los techos de cristal, los suelos pegajosos, la falta de corresponsabilidad y las violencias que sufren las mujeres solo por puro machismo. Y pasa por enfrentar los discursos de odio con contundencia, porque en nuestra sociedad no sobra nadie y las personas LGTBIQ+, las migrantes y las personas con discapacidad son ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho a las que hay que garantizar la igualdad de oportunidades y el respeto de sus derechos fundamentales, incluido el derecho a tener un trabajo con el que construir un proyecto vital.
Avanzar en términos de igualdad implica, además, avanzar en términos de justicia salarial. No es de recibo que tener un empleo no garantice salir de la pobreza al 19% de las personas trabajadoras, que los directivos ganen 73 veces lo que sus empleados o que subir el Salario Mínimo a poco más de mil euros se considere una debacle para la economía mientras que, por cuarto año consecutivo, los márgenes sobre beneficios de las empresas vuelven a registrar máximos históricos.
«Ya es hora de que los beneficios se traduzcan en un reparto más justo de la riqueza y en mejores condiciones sociolaborales que permitan que podamos trabajar para vivir y no vivir para trabajar»
La crisis inflacionista supuso un serio revés para el poder adquisitivo de las rentas del trabajo que las subidas del SMI y los incrementos salariales logrados en la negociación colectiva han conseguido, en parte, paliar. Cabe recordar que más de 150.000 personas continúan en la Región afectadas por el bloqueo de sus convenios, y que la especulación con la vivienda ha disparado su precio a niveles exorbitantes, estrangulando su acceso, especialmente para las personas más jóvenes y vulnerables. Por tanto, ya es hora de que los beneficios se traduzcan en un reparto más justo de la riqueza y en mejores condiciones sociolaborales que permitan que podamos trabajar para vivir y no vivir para trabajar.
En este sentido, reducir una jornada laboral que lleva cuatro décadas anclada en las 40 horas semanales no es ninguna ocurrencia sindical: es justicia social, es salud, es productividad, es conciliación, es equilibrar el trabajo entre hombres y mujeres, es reducir la precariedad del trabajo a tiempo parcial y es contribuir a un mejor reparto del empleo y de la riqueza.
Los servicios públicos son, por otra parte, la base esencial que sustenta la igualdad de oportunidades. Y, en la Región de Murcia, llevamos años padeciendo su deterioro sistemático: ratios desorbitadas en las aulas; listas de espera inasumibles en Sanidad, tanto en especialidad y en pruebas diagnósticas como en cirugía; servicios de todo tipo sin personal suficiente; externalizaciones ineficientes y caras; falta de infraestructuras… Por eso, cuando hablamos de fiscalidad, de financiación, de presupuestos públicos, etc, no podemos admitir cortinas de humo. Tenemos que hablar precisamente de que contribuya más quien más tiene y de que se pongan a disposición de nuestro estado del bienestar los recursos y las inversiones que son necesarias para asegurar su dignidad y suficiencia. Todo ello acompañado de una gestión de los recursos eficiente por parte de la Administración.
Queremos construir nuestro futuro, y, con esa determinación, las personas trabajadoras y quienes las representamos salimos hoy, Primero de Mayo, a recordar que nuestra fuerza para cambiar las cosas, para conseguir empleos de calidad, para mejorar las condiciones de vida de la mayoría, reside hoy, más que nunca, en la solidaridad y en la lucha colectiva.
Artículo firmado por Santiago Navarro, secretario general de CC OO RM; Paqui Sánchez, secretaria general de UGT; y Julia Martínez, secretaria general de USO.
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