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Opinión | Erre que erre (rock 'n' roll)

Sanitaria, activista cultural y DJ

Malditos sofocos

La perimenopausia ya es intensa per se, y lo bonito sería que alguien nos lo contase, como prólogo del cuento

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Canta Rigoberta Bandini en Kaiman: «Dicen que si la piedra es muy grande, mejor no la levantes»... Es eso, no sabemos si bajo la roca habita un escorpión dispuesto a descargar su toxicidad por el simple hecho de haber removido su paz, todo el derecho tendría el arácnido a defenderse frente a una provocación. Una metáfora más para convencernos de que lo más acertado, siempre, es conocer el terreno por el que nos vamos a mover.

Conocer la situación es de gran ayuda si lo que se pretende es aceptar la realidad, aprender a esperar lo inesperado y liberarse de sentimientos como el de la incertidumbre, para así, de nuevo, y valga la redundancia, aceptar la nueva realidad. Las mujeres pagamos un precio muy alto por el simple hecho de nacer XX.

Menstruaciones saturadas de incomodidad y bochorno, ovulaciones dolorosas, embarazos para olvidar y terribles partos. Aunque andemos empeñadas en adulcir la amargura a base de edulcorantes como la respiración consciente, el desapego, la expresión y otras terapias complementarias. La cosa es que nos pasamos media vida sufriendo dolor físico. Algolagnia por narices. No por eso sucumbimos a pinchar en aleatorio un Hurt versionado por Johnny Cash, el I know It’s Over de The Smiths o Mother de John Lennon. Canciones épicas con alta carga de tristeza, desesperación o resignación que dejan una sensación desesperante. Nada de eso, aquí la vida se capea, y si es con molestia, tormento, aficción, daño y suplicio, se lidia con más arte, si cabe.

En el ecuador de muchas vidas, llama a la puerta una dama vestida de dudas, irregularidades, incertidumbre, miedo, sofocos, fatiga, insomnio, sensibilidad y cambios. No queda otra que dejarla entrar y convidarla a quedarse a pasar una larga temporada, ya que nos ofrece un aprendizaje para la transición que nos espera a todas, mientras nos advierte de que puede que sea el final de una vida reproductiva, pero jamás el final de una vida

La perimenopausia, como antecesora de la menopausia, ya es intensa per se, y lo bonito sería que alguien nos lo contase, como prólogo del cuento. Que por fin dejase de ser un tema tabú como tantos otros referentes a la mujer, para volver a tararear con ironía y para una misma la letra de Kaiman, una reflexión sobre la lucha interna y las expectativas externas:

«Dime si estoy guapa y si lo hago bien. Dime si te gusto o no me puedes ni ver. Dime si me amas, si está todo okay. Dime si soy alguien o si soy solo un fake».

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