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Opinión | El que avisa no es traidor

Marear la perdiz muerta

No se acaba de entender el empecinamiento del Ayuntamiento, APC, CARM y buena parte del empresariado cartagenero en perder tiempo y energías dándole vueltas a un proyecto que está tan cadáver que ya huele

Playa del Gorguel.

Playa del Gorguel. / Iván Urquízar

Que el Pisuerga pasa por Valladolid se usa en la Región para volver a poner en candelero el manido macropuerto de contenedores que se pretendía construir en El Gorguel. Sacando el tema una vez más a colación desde portavocías oficiales se consigue que vuelva a la actualidad, como si esa «aspiración», «necesidad» o «panacea» fuera imprescindible para el desarrollo y, aún más, como si fuera aún posible erigirla para garantizar el bienestar futuro a corto plazo de la ciudadanía regional.

Con los avatares judiciales de dos anteriores presidentes de la Autoridad Portuaria de Cartagena (APC), El Gorguel quedó varios años casi en segundo plano, aunque era recordado como de pasada cada vez que se ponía sobre la mesa algún otro tópico perentoriamente necesario, como el Corredor Mediterráneo, un ejemplo; o la sacrosanta continuidad del Trasvase Tajo-Segura, otro.

Desde que recientemente acabó la provisionalidad al frente de la APC, siendo designado al efecto el interino actuante durante un periodo suficientemente largo para conocer hasta el más mínimo detalle de todo lo relativo al puerto murciano más importante, la fallida macroterminal de contenedores ha vuelto a ocupar su lugar de preeminencia en la agenda regional de infraestructuras. Y se han repetido, cansinamente ya, la totalidad de declaraciones que se venían registrando desde más de quince años.

Todas obvian lo más obvio: que ese macropuerto quedó bien muerto hace más de once años, en 2013, cuando la Subdirección General del Medio Natural del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAAM), dirigido por Miguel Arias Cañete, emitió un informe de apenas siete páginas y un par de párrafos en el que quedaba plenamente establecida la inviabilidad de El Gorguel por razones fundamentalmente medioambientales.

Las conclusiones del informe, firmado por el subdirector general de Medio Natural Miguel Aymerich Huyghues-Despointes, establecían que «la nueva dársena de Cartagena [en El Gorguel] tendrá impactos negativos significativos sobre el medio natural, especialmente sobre los espacios de Red Natura 2000 LIC/ZEPA ‘Sierra de la Fausilla’ y LIC ‘Medio Marino’, así como sobre hábitats y especies de interés comunitario, algunos de ellos de carácter prioritario.»

Tras la emisión del informe (23/12/2013), el Gobierno del PP de Mariano Rajoy dio el asunto por zanjado, puesto que no volvió a mover un papel al respecto, hasta la moción de censura de 2018 ganada por el PSOE. Embarcado en la Transición Ecológica y la Agenda 2030, el equipo de Sánchez ha continuado la línea que ya trazó el PP: dar el asunto por zanjado. Tres días después de la toma de posesión de Pedro Pablo Hernández en la APC, el 24 de febrero, la nueva responsable del Miteco, Sara Aagesen, recordó en su primera estancia en la Región lo sabido desde 2013: El Gorguel es inviable por razones medioambientales.

No obstante, tras la primera reunión del Consejo de Administración de la APC, el nuevo presidente aparentó no haberse leído los papeles viejos sobre El Gorguel ni haber oído a Aagesen: «Mientras no haya razones medioambientales que lo descarten, seguiremos trabajando para desbloquear esta situación», dijo. En la misma línea olvidadiza, la alcaldesa cartagenera, Noelia Arroyo, se pronunció: «No existe ni un solo documento que justifique su carpetazo».

Pues va a ser que sí. Hay razones ambientales para descartar El Gorguel y hay específicamente un documento que lo hizo y fue emitido por el Gobierno del PP de Mariano Rajoy. Nada ha cambiado: la protección sigue. También hay motivos económicos en ese mismo texto, por cierto. Por eso, no se acaba de entender el empecinamiento del Ayuntamiento, APC, CARM y buena parte del empresariado cartagenero en perder tiempo y energías dándole vueltas a un proyecto que está tan cadáver que ya huele. A eso le dicen marear la perdiz. En este caso, muerta.

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