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Opinión | La Feliz Gobernación

Lorca no quiere ser Paiporta

"Parece una cuestión tabú, pues las obras hidráulicas, por alguna razón se presentan como contrarias al concepto de transición ecológica. Pero lo cierto es que no acometerlas provoca inundaciones desbordadas, desolación y muerte"

Cauce del río Guadalentín, repleto de vegetación de gran porte.

Cauce del río Guadalentín, repleto de vegetación de gran porte. / Daniel Navarro

El ayuntamiento de Lorca, con el apoyo de varias organizaciones sociales y el visto bueno del de Puerto Lumbreras, ha iniciado una campaña bajo el lema «El olvido nos ahoga» para exigir a la Confederación del Segura y al Gobierno central (tanto monta) la realización de diversas obras hidráulicas para paliar los reiterados efectos que provocan las danas en la comarca.

En concreto, se alude a presas en Nogalte, Béjar y Torrecilla, al canal de la rambla de Biznaga y a la limpieza periódica de los distintos cauces del municipio. En su presentación, el alcalde lorquino, Fulgencio Jódar, ha dicho unas palabras juiciosas: «Resulta incongruente reconocer que va a haber más danas y de mayor intensidad, y no hacer nada para mitigar los daños que puedan provocar».

La demanda parece un canto al sol en tiempos en que la construcción de presas es una actividad proscrita, pero habrá que preguntarse si esto es por sistema o si del análisis de datos convendría considerar cada caso específico.

La experiencia de la dana de Valencia traslada una impresión pesimista. Las Administraciones andan empeñadas, con más o menos acierto, en la recuperación de las zonas afectadas, pero poco se habla de llevar a cabo una actuación estructural en el barranco de Poyo, uno de los puntos que más contribuyó, según el reconocimiento general, a la intensificación del desastre.

Parece una cuestión tabú, pues las obras hidráulicas, por alguna razón (tal vez por una enfermiza resonancia franquista) se presentan como contrarias al concepto de transición ecológica. Pero lo cierto es que no acometerlas provoca inundaciones desbordadas, desolación y muerte. Y esto sí está nítidamente constatado. 

El Gobierno debiera diferenciar entre obras para usos expansivos y las que contribuyen a la contención de las aguas cuando las grandes tormentas se desatan. De esto se sabe mucho en Lorca, y su alcalde acierta al advertir sobre algo tan sencillo como que es mejor prevenir que curar.

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