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Opinión | El prisma

@PabloMolinaLD

¿Es Murcia una región fallida? | La ruina del Estado autonómico

Murcia es el ejemplo palmario de por qué las comunidades autónomas jamás debieron ver la luz, ya que ha duplicado su endeudamiento hasta situarlo en la escalofriante cifra de 13.000 millones de euros

Imagen de archivo de Fernando López Miras, presidente de la Región de Murcia, atendiendo a los medios.

Imagen de archivo de Fernando López Miras, presidente de la Región de Murcia, atendiendo a los medios. / Marcial Guillén / EFE

Las comunidades autónomas son unos entes artificiales creados ‘ex novo’ durante la Transición para alcanzar satisfacer las demandas de los partidos nacionalistas y aumentar exponencialmente el número de personas dedicadas a la política, dos objetivos que nunca figuraron entre las principales preocupaciones de los españoles. Del «café para todos» de Suárez hemos llegado a la ruina compartida a cargo del contribuyente, porque mantener unas administraciones mastodónticas inútiles resulta extraordinariamente caro, como sabe bien cada español cuando empieza a pagar impuestos.

Hasta la llegada del Estado autonómico, las competencias públicas estaban gestionadas por los ayuntamientos, las diputaciones y el Estado, cuyos ministerios contaban con su correspondiente delegación en cada provincia. La irrupción de las autonomías multiplicó el gasto público y el número de funcionarios, a pesar de que solo ejercen competencias delegadas por el Estado y las diputaciones, en el caso de las comunidades uniprovinciales. Cuarenta años después de la creación del invento, no podemos decir que el bienestar de los ciudadanos se haya multiplicado en la misma proporción que el gasto público añadido que ahora debemos soportar.

La ruina, por tanto, estaba garantizada. Solo era cuestión de tiempo que se materializara en los estados contables y ese momento llegó con la recesión económica de 2008, cuando la economía dejó de crecer al ritmo necesario para cubrir las necesidades cada vez más acuciantes de la casta autonómica. Como la economía no daba más de sí, tocó endeudarse, en un proceso acelerado que ha llevado a que las autonomías pidan prestado (por sí o a través del Estado) 340.000 millones de euros, una cifra apabullante cuyo capital e intereses nos toca pagar a todos los contribuyentes, queramos o no.

En este cuadro general del despropósito brilla con luz propia, muy merecidamente, la Región de Murcia, el ejemplo palmario de por qué las comunidades autónomas jamás debieron ver la luz, que ha duplicado su endeudamiento en la última década hasta situarlo en la escalofriante cifra de 13.000 millones de euros, más de dos veces y media su presupuesto público anual o la tercera parte de todo lo que produce la economía murciana durante un año, dos datos que nos ayudan a fijar una imagen ajustada de las dimensiones del problema.

Junto a nosotros están Valencia y Cataluña, otros dos mastodontes con deudas estratosféricas que pagarán nuestros nietos, porque las generaciones actuales no van a tener tiempo material de pagar tanto dinero. Magro consuelo, claro, pero el dato explica que Murcia no es una excepción en el ecosistema autonómico, sino uno de sus ejemplos más acabados.

¿Somos una región fallida? Sí, como todas las demás. Pero como nadie se cuestiona seriamente la necesidad de estar soportando esta carga fiscal abusiva, solo queda resignarse y apagar la televisión de malos modos cuando los políticos autonómicos salen quejándose de que no reciben dinero suficiente del Estado. Es decir, de usted y de mí.

La anunciada quita de la deuda, una propuesta del delincuente del maletero para mantener a Sánchez en la Moncloa, es un timo que no va a aliviar de ninguna manera la carga fiscal que soportamos. Lo único que ocurrirá es que la anotación contable de los préstamos de Cataluña (y, de rebote, de las demás comunidades) cambiará el nombre del titular, pero la deuda será la misma y tendremos que pagarla los mismos. Exactamente igual que cuando el endeudamiento estaba a nombre de las autonomías. Por tanto, si el Gobierno absorbe 1.000 millones de euros de endeudamiento de Murcia, eso no significa que los murcianos tengamos que pagar menos intereses, sino que los pagaremos por otro lado, junto al resto de españoles.

Aquí ya solo hay dos posibilidades: o que Sánchez mande más perras a los mandarinatos regionales o que las autonomías infrafinanciadas devuelvan las competencias al Estado, un caso éste último sin precedentes que sería, a su vez, un excelente ejemplo a escala mundial. 

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