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Opinión | Tribuna Libre

José Antonio Martínez Lozano

Médico de familia en Centro de Salud Murcia Centro - San Juan

La consulta telefónica en Atención Primaria o la vuelta al antiguo ambulatorio

Hay quien aún piensa que el médico es un mago que al escuchar múltiples quejas por teléfono ya sabe qué prescribir y qué decisiones tomar

Una médica hace uso del teléfono móvil para atender consultas telefónicas.

Una médica hace uso del teléfono móvil para atender consultas telefónicas. / iStock/Europa Press

- «¿Qué tiene el niño?»

- «Tose y no respira bien.»

Prácticamente sin mirarme y dirigiéndose a la diligente enfermera, el doctor ordenaba Clamoxyl 500 y pinchazos de Urbasón. En un minuto estaba fuera de la consulta, y otra madre y su hijo se cruzaban con nosotros mientras atravesábamos la puerta abierta hacia la sala de espera. A veces, aquel ocupadísimo médico oía mi agitada respiración de niño asmático a través del fonendoscopio durante breves segundos, pero casi nunca lo hacía. Así recuerdo yo aquel ambulatorio de la calle Industria, en Barcelona.

Y ahora, sin que al paciente le importe que el médico le vea respirar o andar, sin que le observe una posible palidez cutánea o sin auscultarle, es él mismo el que demanda una atención parecida a través del auricular telefónico porque «tengo mucho trabajo y no puedo perder el tiempo».

La consulta telefónica es muchas cosas que no debiera ser, y unas pocas que sí: a veces es un «quiero que me haga», en la que el enfermo pide medicamentos para el insomnio o la ansiedad, antiinflamatorios que no dan en las farmacias porque las dosis demandadas pueden desencadenar graves efectos secundarios o medicaciones ya caducadas en receta electrónica que «no entiendo por qué me han borrado, ya que yo las tomo siempre». Por supuesto, exigiendo con frecuencia el derecho a recibir todo lo que pide sin que se le demanden explicaciones o sin que se le pida algo todavía peor, como hacerle acudir al centro sanitario por llevar más de un año sin pisar el centro de salud, a pesar de múltiples patologías que conviene revisar a juicio del facultativo. Capítulo aparte son las «recetas del privado», que el doctor «debe» asumir sin rechistar sin valoración previa.

También hay quien aún piensa que el médico es un mago que al escuchar múltiples quejas por teléfono ya sabe qué prescribir y qué decisiones tomar, sin asumir que todavía no se ha convertido en esa inteligencia artificial, que algunos creen que llegará, contestando de forma infalible. Las demandas de baja laboral a través del teléfono tampoco son infrecuentes, puesto que parece entenderse que se obtienen sin un necesario examen previo.

Sin embargo, en ocasiones, la consulta telefónica tiene mucho sentido. Y con frecuencia nos sorprende a los médicos oír al otro lado del «cable» a personas educadas a las que no les gusta hacer perder el tiempo a nadie y se disculpan por llamar para solucionar pequeñas gestiones administrativas. Estas creen que las solicitudes de pruebas periódicas para controlar patologías crónicas, la renovación de pañales de incontinencia, la petición de informes que solucionen algún trámite o confusiones en la prescripción de una receta que se pueden resolver rápidamente, no merecen el tiempo del médico. Pero son precisamente esas el objetivo de la existencia de la agenda de llamadas telefónicas en Atención Primaria. Porque todos esos pequeños trámites también son necesarios y ahorran mucho tiempo y molestias al enfermo y a los que les rodean.

En definitiva, si se piensa que la finalidad de la consulta telefónica es valorar cualquier situación de salud o enfermedad, no estaremos volviendo a los tiempos de los antiguos ambulatorios, sino empeorando todavía aquella situación en la que al menos el médico tenía la oportunidad de mirar la cara del enfermo.

Por tanto, querido paciente de Atención Primaria, use la agenda de llamadas telefónicas adecuadamente y no pretenda que un médico voluntarioso y con excelente formación le valore a través de las ondas de su teléfono móvil o del cable de su fijo, puesto que, desde su forma de entrar en la consulta, su saludo inicial, sus andares, su forma de sentarse o su respiración profunda, nada se le escapa a un sanitario experimentado y con intención de ayudarle. 

Aunque las prisas, que dan para otro largo artículo, puedan hacer que parezca lo contrario.

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