Opinión | Erre que erre (rock 'n' roll)
Tú en tu casa y yo en la mía
No convivir con tu pareja no tiene por qué ser fruto del miedo, puede ser el resultado de una decisión madura y respetable

Donald y Melania Trump durante la investidura de este como presidente de EE UU. / EFE
Imaginen la cantidad de parejas en nuestro entorno que desearían vivir separadas y por esa cuestión del qué sé yo, del qué dirán, de que si la economía no da para más o de unos hijos pegamento, ahí siguen, compartiendo mesa y mantel, mismo techo, y lo que es peor, misma cama y mismo baño.
No se me ocurre nada más ínfimo en la vida que la idea de ocupar el baño eternamente junto alguien a quien no quieres con la profundidad del ‘Challenger Deep’ (10.929 metros). Antes compartiría mesa con tres asiáticos semidesnudos y con la uña del meñique larga, sorbiendo ramen y golpeando los cubiertos con sus dientes, dejando salir a bailar mi acentuada misofonía, que la idea de coincidir en el ritual de la higiene bucodental junto a alguien a quien no quiero o de quien no me sienta profundamente enamorada, acepto enajenada por si en un futuro tocase recular. Y es que, cuando hay amor del bueno, de ese que te deja dormir tranquila -y en la convivencia prima la calidad-, créanme que las manías se ralentizan y las fobias tienden a difuminarse.
Pero claro, este mundo que no deja de sorprendernos se mueve por tendencias, y parece que ahora prevalece en la resolución de muchas historias vividas en pareja, ser LAT (‘Living Apart Together’), lo que en español conocemos de toda la vida como «tú en tu casa y yo en la mía». Este nuevo concepto hace referencia a aquellas personas que mantienen una relación íntima, pero deciden vivir en domicilios distintos.
Convencida estoy que a William Shakespeare le hubiera dado un parraque si de pronto su Julieta y su Romeo hubiesen decidido ser una de estas LAT.
Aunque, créanme, apoyo absolutamente la moción en el caso de la guapérrima y enigmática Melania Trump cuando se mostró reticente para seguir algunas tradiciones de las primeras damas que la precedieron, quedándose a vivir en Nueva York con su único hijo, Barron, el quinto del magnate y, de nuevo, presidente, Donald Trump. Siendo los primeros LAT con legado elitista, o al menos los primeros en mostrarse LAT abiertamente. Y es que, en esto de la convivencia, cada uno baila el agua según le va. Traducido a canciones podríamos hablar de la fragilidad emocional que supone el distanciamiento en Ruptura leve de Robe Iniesta; el anhelo del amor en cercanía, plasmado en Compartir de Carla Morrison; o la insistencia de colmar con regalos materiales el tiempo de no convivencia, como si de una primera cita se tratase cada encuentro, al ritmo de amor y distancia en Boots Of Spanish Leather de Bob Dylan. O tal vez resulte que valoras la independencia como el tesoro más preciado y no haya ganas de romper el hechizo.
No convivir con tu pareja no tiene por qué ser fruto del miedo, puede ser el resultado de una decisión madura y respetable. Lo dicho, la vida que vemos hoy va de modas y dramas modernos.
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