Opinión | La feliz gobernación
Los enanos al asalto de las metrópolis
Conesa cuenta con el apoyo de la mayoría de agrupaciones donde el PSOE ha resistido al tsunami del PP y conserva las alcaldías, pero Lucas trabaja en el sostenimiento del andamiaje orgánico sobre el que se han instituido las sucesivas direcciones del partido: el eje Murcia-Cartagena-Lorca

Ilustración de Leonard Beard. / Leonard Beard
Francisco Lucas ha doblado en número de avales a Diego Conesa en las primarias socialistas. Puede ser un indicador de lo que ocurrirá, pero no es seguro. Lo obvio es que el formato que obliga a ‘retratarse’ con la firma de avales, un ejercicio público, no reproduce necesariamente el voto secreto que decidirá el liderazgo. Podemos remitirnos, sin ir más lejos, a las primarias que enfrentaron a Susana Díaz y a Pedro Sánchez, en que aquélla superó en avales a quien después ganaría la votación con diferencia. El aparato del partido impone y condiciona en esta primera fase; después, cada militante es libre de introducir su papeleta sin que nadie lo vigile.
No obstante, los resultados de Conesa son excelentes en ese contexto: lo acercan al 40%, que es una cifra muy respetable, lo que detecta un alto grado de insatisfacción con la alternativa improvisada por el aparato tras la forzada renuncia de Pepe Vélez. Por otro lado, el que fuera secretario general ha logrado decantar a su favor siete de las doce agrupaciones de la Región donde el PSOE mantiene las alcaldías (Los Alcázares, Ceutí, Bullas, Beniel, Villanueva, Abarán y Librilla) mientras a Lucas lo apoyan en Calasparra, Mula, Campos del Río y Lorquí. Águilas no se ha pronunciado oficialmente, tal vez por la entente interna para el futuro relevo de la alcaldesa. Estos datos constituyen un valor cualitativo para Conesa, pues suponen que está respaldado por la mayoría de activos del partido que han sido capaces de resistir en sus localidades el tsunami del PP que se llevó por delante el poder municipal mayoritario conquistado en su día con su liderazgo.
Con un 40% potencial de la candidatura de Conesa caen en saco roto las apelaciones a la unidad que predica Lucas, pues la unidad efectiva se produce si la disidencia a lo que representa la herencia del actual aparato queda reducida a un porcentaje residual. Y es que esa llamada a la unidad carece de credibilidad, pues la hace quien ha venido ejerciendo la vicesecretaría general regional y la secretaría local de Murcia. Apelar a la unidad significa que ésta no existía bajo su mandado, de modo que ¿por qué reclamarla ahora y cómo creer que pueda producirse con quien hasta este momento no la ha estimado necesaria? Ya se ve que incluso introduciendo en el equipo de Lucas a María González Veracruz, Conesa es capaz de aglutinar en avales un porcentaje muy estimable.
Murcia-Cartagena-Lorca
El otro pivote de la campaña de Lucas (el relevo generacional) es también precario, pues Conesa no es precisamente Biden, y la palabra relevo es paradójica en cuanto al propio Lucas, ya que éste suma unos añitos al timón del partido, donde viene ejerciendo como hacedor de listas y marcando la estrategia de Vélez. Tal vez se le olvide que él ya jugó esa baza en 2017 cuando ejerció como ‘relevo generacional’ del grupo de Ramón Ortiz. ¿Cuántas veces más se va a otorgar a sí mismo esa etiqueta? Si se refiere implícitamente a que Conesa ya tuvo su oportunidad estaría desmontando la hégira de Pedro Sánchez, quien regresó a La Meca de Ferraz tras su destierro a Medina. Reprochar a Conesa su voluntad de regreso es como desconsiderar el salto de Sánchez del Peugeot al Falcon.
En realidad, Lucas, como buen aparatista, trabaja en el sostenimiento del andamiaje orgánico sobre el que se han instituido las sucesivas direcciones del partido a lo largo de los años: el eje Murcia-Cartagena-Lorca. Con la suma de esas tres ciudades ya está ganada cualquier votación interna. Esto ocurre desde los tiempos remotos de Rómulo y Remo, es decir, Hernández Ros/Juma, quedando una parte del resto de localidades en manos de los ‘enanos’, denominados así no por su estatura, sino por la dimensión de sus agrupaciones. Ahora, Conesa ha reinventado a los ‘enanos’, que, por fortuna, no son los de antaño. (Lamento por los más jóvenes lectores no poder extenderme más en la clase de prehistoria, pero la prehistoria se repite).
Apurando más, los dos núcleos que hacen difícil el triunfo de Conesa son la agrupación murciana de Marjales, y la familia Torres, que patrimonializa Cartagena. Marjales es un núcleo que irradia desde El Raal, cuna de Lucas, constituido pacientemente para dominar el municipio capitalino (sus circunstancias merecerían un capítulo aparte con la mención a un nombre oculto: Paco Herrero), y Cartagena se desenvuelve atendiendo a un pacto no escrito mediante el cual se facilita el gobierno regional del partido a cambio de que éste no intervenga en los asuntos locales. Los Torres entregan sus votos al aparato regional y se cobran la libertad de actuación en su ámbito, lo que conduce a que de 27 concejales de la Corporación, el PSOE disponga de tan solo cuatro sin que se hayan cursado responsabilidades políticas. Que los socialistas sean residuales en la segunda ciudad de la Región no impide que resulten decisivos en la correlación de fuerzas en el partido. El dato es bien expresivo de la confortabilidad de los actuales dirigentes del PSOE como partido vocacional de oposición. En ese contexto se explica el resultado de la primera criba de apoyos a uno y otro candidato.
El supuesto voto oculto
Dice Conesa que no ha hecho entrega de la totalidad de sus avales «por estrategia», una decisión que de ser cierta solo se explicaría para no dar noticia adelantada de los apoyos con que cuenta inicialmente en Murcia, Cartagena y Lorca, territorios destinados a ofrecer el triunfo a Lucas (en los dos primeros por su propia fuerza orgánica, y en el último por el añadido de la influencia de González Veracruz, quien también aporta una parte en la ciudad capitalina). ¿Se producirá un asalto de los ‘enanos’ a las metrópolis? Si la película la rodara Spielberg sería espectacular, pero tendremos que conformarnos con una sinopsis improbable.
La reserva de Conesa es consecuente con su intención de no regalar pistas y parece basarse en un lema con que los suyos describen la situación: «Los avales, cautivos; el voto, oculto». ¿Cuánto voto oculto para Conesa puede existir en Murcia, Cartagena y Lorca? Por si acaso, su agenda comprende una ofensiva en el arranque de su campaña por las agrupaciones de estas tres capitales para intentar sumar restos a la bolsa de apoyos con que ya cuenta en territorio ‘enano’. Pero trabaja estableciendo citas desde su propio móvil, tirando de los contactos de cuando fue secretario general, mientras en la sede de Princesa disponen del censo. Y gastando dinero de su propio bolsillo, lejos del sostén de cualquier sueldo público. Por supuesto, tampoco está en su mano aumentar artificialmente a última hora las afiliaciones. Es difícil.
Camino de la cartagenerización
El discurso de Conesa es, sobre el papel, más coherente que el de Lucas. Porque parte de una realidad palpable, al menos para los observadores externos. El PSOE murciano está malito, electoralmente malito y lleva el camino de cartagenerizarse en lo autonómico. Hay localidades donde ni siquiera dispone de organización propiamente dicha o de futuro candidato que no sea de resultas. Y en los grandes núcleos, la voluntad no parece suficiente. Esa es la realidad, se quiera ver o no. Ante esto, se requiere una intervención constante de reconstrucción, de recuperación de la autoestima, de acción directa, de movilización. Y, claro, no en el vacío, o con retóricas de manual, sino con políticas elaboradas. Esto es lo que promete Conesa. Estar en el tajo, ayudar a sanar las heridas, tomar contacto, no dejarlo todo al pairo del vaivén de las siglas. Construir el partido. Antes que emplearlo todo en dar visibilidad al secretario general en puestos institucionales, lo cual contribuye a aumentar la lejanía, el PSOE murciano necesita como poco una mano de pintura, demostrar que existe como partido, no como el órgano burocrático representativo de una organización languideciente a cuya costa viven muy bien sus dirigentes.
Para realizar esa tarea hay que concebir el partido como instrumento vivo, no como un conjunto de afiliados propicios a dejarse pastorear por la personalidad que los inscribe. Esta es la dinámica que impide que muchos potenciales simpatizantes se incorporen, pues encuentran un núcleo cerrado en que hay que hacer la mili de la sumisión. No seré tan ingenuo como para suponer que Conesa venga a cambiar ese estado de cosas, pero al menos detecta que la clave de la depresión está en la falta de reactivación de lo que fue en tiempos una máquina perfecta de movilización electoral.
También Lucas admite que el partido no funciona, pero es el vicesecretario general y alguna responsabilidad tendrá en ese diagnóstico. Ahí está Pepe Vélez para aguantarlo todo, pero el todavía secretario general tenía un equipo, que es el que aspira a sustituirlo, de modo que cuando Lucas quiere hacer compatible el elogio a su gestión con la constatación de la realidad incurre en incongruencia.
¿Y Madrid, a todo esto?
Por cierto, ¿y Madrid, Ferraz para el caso? ¿No interviene Madrid en las primarias murcianas? No hay queja alguna entre los partidarios de Conesa de que lo haga en favor de Lucas, pero es que tal vez no sea necesaria una acción explícita cuando el mensaje subliminal es la convergencia del portavoz de la comisión de Justicia (delicada plaza para la política de Sánchez) y una secretaria de Estado, antes incompatibles y ahora unidos por el sanchismo. Si fuera cierto que Ferraz no interviene en Murcia tendríamos que suponer que Murcia importa poco a Ferraz, ya que lo está haciendo en todas las otras plazas autonómicas: Valencia, Baleares, Aragón, Madrid y, está al caer, Andalucía. Los ministros plenipotenciarios de Sánchez acuden a hacerse cargo del partido en las periferias; aquí no llegan ministros porque no los hay autóctonos, pero sí altos cargos. Son los elegidos, que para el buen entendedor significa los elegibles.
Por si faltara metralla, aquí y allá se incrementan los francotiradores que intentan abatir a Conesa con la ‘bala de plata’ extraída de la política del fango que construye bulos con medias verdades como infalible recurso para el caso de que consiga aproximarse al éxito. Hay quienes no se conforman con derrotarlo, sino que pretenden estigmatizarlo. Se cuentan entre los clásicos perdedores que aspiran a seguir siéndolo como método de supervivencia.
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