Opinión | La feliz gobernación
Doctor, soy progresista, ¿es grave?
En la Región de Murcia hay un 40% de votantes progresistas que no se sienten representados por los partidos que los reclaman, según la encuesta realizada por el Observatorio de la UCAM

Ilustración. / Leonard Beard
La abstención sería el segundo partido político de la Región si se convocaran elecciones autonómicas durante estas fechas, apenas superado por el PP de López Miras, que alcanzaría por fin la mayoría absoluta, a pesar de que el rival que se lo impidió en 2023, Vox, también pega un estirón. La encuesta del Observatorio de la UCAM publicada esta semana cifra la abstención previsible en un 40%, y deduce que estaría integrada básicamente por votantes progresistas, pues los partidos de derechas (PP y Vox) amplían sus porcentajes y escaños mientras el PSOE y Podemos ven disminuir sus expectativas: el primero perdería un escaño al caer por debajo del 25% de los votos, y el segundo desaparecería del arco parlamentario.
La encuesta de la UCAM es coincidente, en líneas generales, con las tendencias marcadas por el último Barómetro del Cemop, pero sus cifras son especialmente dramáticas para la izquierda. No sorprende en lo que toca al PSOE, del que se señala que se muestra no sólo incapaz de captar nuevos electores, sino que le cuesta trabajo retener a una parte de los que lo sustentan.
Llama más la atención el ocaso de Podemos, pues aunque se trata de una marca con freno y marcha atrás, en este momento en la Región representa a una izquierda que, con la denominación de IU, ha mantenido una variable representación parlamentaria desde la Transición y, aunque casi de manera testimonial, ha ejercido su papel de manera esforzada y ejerciendo un contrapunto necesario para mantener la sensación de pluralidad.
Izquierdistas sin partido
Los encuestadores atribuyen el 40% de abstención a la retracción del potencial electorado progresista, un dato que se da por verificado y que abunda más en constatar la avería de las formaciones de izquierda, incapaces de movilizar hasta a sus propios simpatizantes. Por expresarlo gráficamente, en la Región hay muchos votantes progresistas, pero no partidos en los que se sientan representados.
El PSOE murciano está aherrojado por un grupo dirigente que pretende sobrevivir a sus fracasos con todavía mayor insistencia en políticas inhábiles y sin procurar nuevas incorporaciones o simples relevos en los cargos, afianzándose tan solo en el alabacionismo a Pedro Sánchez y en el seguidismo acrítico de las políticas de éste, sean cuales sean las consecuencias para los territorios a los que discrimina en relación con la obligada prima a los nacionalistas que lo exprimen a cambio de mantenerlo en el poder. Por otro lado, la bunkerización del aparato del partido lo ha llevado incluso a aislarse de la propia militancia, pues la dinámica de cierre de filas en torno a Sánchez ha obligado a limitar la democracia interna por encima de las exigencias estatutarias.
En cuanto a Podemos y con él al conjunto de esa izquierda fragmentada, cada vez parece más difícil algún tipo de acuerdo interno que pacifique el segmento e introduzca la necesaria cordura para no dilapidar su potencial, pues los personalismos y las animadversiones irresolubles lastran cualquier horizonte para la recuperación. La Región de Murcia, con dos diputados, es la última reliquia de Podemos en el mapa autonómico nacional, y en cuanto a Sumar ha acabado siendo un apéndice del sanchismo que quedará fuera de lugar en cuanto éste deje de mantenerlo vivo mediante transfusión de poder. IU, por su parte, aparece desdibujada en ese espacio, pues hace tiempo que sumergió su marca en favor de otras emergentes que han acabado pinchando.
Más grave para el PSOE resulta la constatación de que ni aun con un grupo a su izquierda que no alcanza el 3% necesario para mantener la representación actual en la Asamblea se muestre incapaz de integrar a disidentes de ese ámbito, aunque solo fuera porque éstos, ante el desbarajuste de las opciones alternativas, optaran por el refugio entre los socialistas a cuenta del voto útil, y más cuando el acicate que conduciría a esa actitud es la alarma constantemente proclamada sobre el avance de la extrema derecha. Ni con esas.
Las prisas de Pepe Vélez
A Pepe Vélez, el secretario regional socialista, le han entrado las prisas a su regreso del congreso búlgaro de Sevilla. Ha visto respaldada su continuidad no por sus resultados, por la brillantez de su política de oposición ni por las futuras expectativas que avanzan las encuestas, sino como compensación a su fidelidad a Pedro Sánchez. Y, por lo que pudiera pasar, ya ha anunciado que se presentará a la reelección, de manera que no sería extraño que el del PSOE murciano fuera el primer congreso regional que se celebre tras el federal. Ante su ejecutiva ha alegado que la inestabilidad que proporcionará al Gobierno de López Miras la consigna nacional de Vox contra la negociación de los Presupuestos en aquellas Comunidades en que el PP lo necesita para completar la mayoría absoluta abre la posibilidad de unas elecciones autonómicas adelantadas, y hay que estar preparados. De lo que se deduce que no solo volverá a optar a la secretaría general sino también a las primarias, si es que se celebraran, para la candidatura a la presidencia de la Comunidad.
Las primarias, como es sabido, las carga el diablo, y es mejor presentarse a ellas desde el dominio del aparato, aunque el PSOE tiene experiencias (Borrell, el propio Sánchez) nada tranquilizadoras para quienes manejan los hilos. Tal vez una militancia cuya participación ha sido obviada para la elección de delegados al congreso de Sevilla se viera empoderada en un proceso abierto, si es que hubiera en esa casa alguien con la suficiente temeridad como para romper el silencio de los corderos. Vélez ha anunciado su candidatura a la revalidación de la secretaría general dejando implícito que es el paso para repetir candidatura electoral, y en ese sentido le vendría bien un adelanto de las autonómicas, pues las razones de urgencia permitirían a su partido saltarse el trámite de las primarias.
Presupuestos o elecciones
Es cierto que no habrá Presupuestos para 2025, pues Vox se ha cerrado en banda incluso para sentarse a la mesa de negociación. Es un decreto de Santiago Abascal para toda España, de modo que tratar de seducir a los dirigentes regionales supondría una pérdida de tiempo para el PP. Por mucho que puedan prorrogarse las cuentas de 2024, el ahogo económico y financiero haría impracticable tal vez incluso el mantenimiento de nóminas y servicios, afectando hasta a los esenciales. La salida lógica sería el adelanto electoral, como hizo en su caso Pere Aragonés en Cataluña. Pero ¿está preparado el PP para una experiencia de esas características, que en la Región de Murcia sería inédita? Es obvio que a los populares no les conviene convocar, de momento, en la Comunidad Valenciana, a no ser que el forzado movimiento sirviera a Feijóo como pretexto para relevar a Mazón, si es que pudiera, lo que podría aliviar la inoportunidad del adelanto.
Tampoco sería oportuno para el PSOE un nuevo choque electoral en pleno proceso de relevo de barones en casi todos los territorios, donde los sanchistas de sangre azul, algunos con cargo de ministros, se disponen a desplazar a los dudosos. Pero el síntoma más visible de que el PP no quiere elecciones ha sido la finta de Feijóo, quien tras el órdago de Abascal sobre la política inmigratoria, ha roto negociaciones con el PSOE sobre esa cuestión, lo que cabe interpretar como una manera de intentar reconducir la actitud del líder de Vox.
¿Pacto PP-PSOE?
Para evitar incluso la posibilidad del colapso presupuestario que haría inevitable el adelanto electoral, Vélez tendría en su mano la baza de firmar las cuentas de López Miras para 2025 con algunas condiciones manejables. Hay que admitir que ahí ha estado fino, pues ya hizo su propuesta, y en esta ‘sábana dominical’ se detallaron en su día algunas de las contrapartidas que exigiría, todas perfectamente aceptables por el PP en unas circunstancias de necesidad. Tanto Vélez como López Miras escuchan con frecuencia a los empresarios de CROEM y representantes de otras organizaciones sociales que les repiten un mismo sermón: pactad los Presupuestos, pues no hay nada más desestabilizador que unas elecciones fuera de plazo.
Pero en el actual ambiente de polarización, expandido cada día desde las tribunas del Congreso de los Diputados y en los titulares de prensa, ¿sería posible un pacto PP-PSOE, aunque fuera en la remota Murcia? Si en Francia, con lo que es Francia, han coincidido la extrema derecha y la extrema izquierda para cargarse el Gobierno y si en Europa los socialistas han votado a dos comisarios de extrema derecha para el Gobierno de la UE, en Murcia podría ocurrir cualquier cosa sin que nos pareciera extravagante. Todo es posible, pero las aperturas de los telediarios son escalofriantes y no invitan al disfrute de la paz navideña.
Además, Pedro Sánchez acaba de tildar a los Gobiernos autonómicos del PP de ‘negacionistas’, lo cual los descalificaría como socios presupuestarios. Y si la alianza coyuntural se pretendiera explicar como un tope para la ultraderecha, es paradójico que Vox esté en el fondo deseando ese pacto, pues le permitiría crecer mediante el argumento de que PP y PSOE son la cara y cruz de la misma moneda.
Pero a ningún partido, salvo quizá a Vox, que parece querer forzarlas, y menos en una fase en que cunde la desafección política, le interesan elecciones autonómicas anticipadas en este momento. Al PP porque tiene a Valencia en vilo, y al PSOE porque a Sánchez, a pesar del blanqueo que se ha procurado en Sevilla con una clá sobreestimulada, no le vendría bien un nuevo test negativo. Por lo que respecta a Vélez, no parece que las encuestas le motiven a exhibir un nuevo batacazo, y a López Miras, que sale muy fotogénico en ellas, tal vez piense en que las de EE UU daban como ganadora a Kamala Harris, y mira.
Lo cierto es que ese 40% de abstencionistas declarados pertenecientes en su mayoría a la camada progresista, según señala el Observatorio UCAM, da que pensar. Y no parece que con los actuales mimbres esté la izquierda murciana para transmitirles una ilusión que ni sus propios dirigentes lucen.
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