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Opinión | Lapsus calami

Necesidad e importancia de una información rigurosa

Si el pasado jueves la radio cumplía un siglo, hoy, a iniciativa de la ONU desde el año 1996, se celebra el Día Mundial de la Televisión. Estos dos inventos, pese a la creciente multiplicación de recursos audiovisuales, siguen siendo fundamentales, junto al teléfono, para la comunicación y la difusión de contenidos que nos interconectan y continúan reforzando aquello que Aristóteles propugnara en relación con el ser humano: somos seres políticos.

Fue en Londres, en el laboratorio del escocés John Logie Baird, donde se inventó la primera televisión, y en la misma ciudad inglesa desarrolló Alan Turing la primera computadora digital, Tim Berners internet, y Alexander Graham Bell la telefonía.

Hace cerca de siglo y medio, precisamente un 21 de noviembre, el inventor estadounidense Thomas Edison anunciaba en Nueva York la invención del fonógrafo, dispositivo que tenía como función grabar y reproducir sonido. Corría el año 1877.

Hubo un tiempo, en torno a 1948 —año de su introducción en España—, en que en pueblos y ciudades españolas la televisión era un lujo compartido y disfrutado en comunidad, al igual que la radio, que se escuchaba en reunión mientras se trabajaba en actividades que lo permitían o se realizaban labores de costura o tareas del hogar.

Con las redes sociales contribuyendo a elevar la temperatura y a difundir bulos y fake news que alimentan comportamientos negacionistas, hoy en día se hace más necesaria que nunca la existencia de medios que, salvando el inevitable grado de imperfección propia de todo ingenio humano, y la de determinados espacios y programas, ofrezcan una oferta variada dirigida a destinatarios igualmente diversos que sientan cubiertos sus gustos y preferencias.

La televisión o la radio comparten con la prensa y las múltiples formas de comunicación que conviven actualmente rasgos comunes a la literatura oral. Todas requieren de quien narre y quien escuche. Como Sheherezade, que durante mil y una noches distrae al sultán Shariar en la obra homónima fascinándole con la promesa de continuar sus relatos y aplazar así su propia muerte, en venganza por la infidelidad de la primera esposa de aquel, que ya había castigado de este modo a las tres mil mujeres que la habían precedido como esposas.

Hoy se cumplen justamente 1.001 noches desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania. 1001 noches con sus días en los que la muerte no solo no ha podido ser conjurada, sino que se ha convertido en protagonista, con su relato sangriento al que nos terminamos por acostumbrar, como quien asume un dolor crónico. Por eso los medios y los profesionales honestos son imprescindibles para mantenernos informados con veracidad y contrarrestar las noticias que nos intoxican y fomentan el enfrentamiento y la bronca.

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