Opinión | El especialista

Juan Antonio Carreras Espallardo
Policía local y criminólogo
Kamikaze
En menos de un mes, tres kamikazes han sembrado el pánico en nuestras carreteras

Imagen del grave accidente en la A-30, provocado por un conductor drogado. / Marcial Guillén / EFE
En la Segunda Guerra Mundial era un piloto suicida japonés que tripulaba un avión con explosivos con el que se lanzaba contra un objetivo. Hoy en día, más concretamente en el tráfico, es una persona que realiza una acción temeraria con propósito suicida o con riesgo de su vida. Hablamos del conductor kamikaze.
Lamentablemente, está muy de moda en nuestra Región porque, en menos de un mes, tres kamikazes han sembrado el pánico en nuestras carreteras. El segundo domingo de noviembre, por la noche, un conductor kamikaze circulaba en sentido contrario por la autovía A-30, en el término municipal de Molina de Segura, y ocasionó un choque con tres vehículos y cuatro heridos por policontusiones. El muy miserable se dio, además, a la fuga.
No hace ni tres semanas, otro conductor kamikaze sembró el caos en la misma A-30 entre Murcia y Cartagena, causando un siniestro en el que dejó gravemente herido al diputado del PSOE Miguel Ángel Ortega. Varios días más tarde, otro conductor que circulaba en sentido contrario provocó dos accidentes en Cartagena.
Recordemos también que en agosto dos personas murieron y otras cuatro resultaron heridas al colisionar un turismo que circulaba en sentido contrario contra una motocicleta y otros vehículos en la autovía A-30 en el término de Murcia. En septiembre, en la RM-15 a la altura de Cañada Hermosa, una motocicleta colisionó frontalmente con un turismo, falleciendo el conductor kamikaze de la moto.
Y así podríamos estar contando numerosos casos de conductores con la dualidad homicida y suicida. A efectos legales, el delito de conducción temeraria puede ser castigado con penas de prisión de hasta dos años y privación de derecho a conducir hasta seis años cuando exista temeridad manifiesta y se ponga en concreto peligro la vida o integridad de alguien. Si además existe manifiesto desprecio por la vida de los demás la pena se agrava con penas de prisión de hasta cinco años y privación de derecho a conducir hasta diez años.
Podemos distinguir tres perfiles del conductor kamikaze. El primero y menos frecuente es el de las personas mayores que han perdido sus capacidades psicofísicas y necesitan una revisión del permiso de conducir, donde lo más probable es que se le retire mediante oficio de los agentes que lo detecten. El segundo caso, también ocasional, es el del psicótico que actúa bajo un estado mental, permanente o transitorio, distorsionado de la realidad. Uno de estos conductores manifestó hace unos años a la Guardia Civil tras ser detenido que «estaba jugando al GTA». Y el último perfil, el más común, es el del conductor al que le da igual todo y, motivado por su ego o por algún tipo de apuesta, decide realizar la conducta homicida. Además, en este perfil encontraremos casi siempre la ingesta de bebidas alcohólicas o drogas presentes en la conducción.
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