Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Premios Laik Región de Murcia

Opinión | Noticias del Antropoceno

La independencia llegó a las peluquerías

Es innegable que el corte de pelo dice mucho de las personas que lo exhiben, e incluso de la sociedad que lo establece como norma. Y también sirve a veces para proclamar a los cuatro vientos su rebeldía. Eso pasó con The Beatles en su momento. Ser un ‘beatle’ era un insulto que los patanes espetaba cuando un joven iba algo de peluquería.

Pero hay un corte de pelo que define especialmente el estado de rebeldía de los que lo portan, asimilado normalmente por el grupo de camaradas al que pertenece. Me refiero al mullet, ese corte en el que el pelo va muy recortado por delante y por los lados, y largo y suelto por detrás. 

Al margen de sus raíces clásicas, que lo ubican como parte de la apariencia de soldados griegos, por facilitar la visión y proteger la nunca, a modo de casco natural, el mullet se puso de moda en los años 80, bajo el ilustrativo lema de: «Negocios por delante y fiesta por detrás». Cayó en desuso al comienzo de este siglo, pero fue solo un amago. Desde mediados de la segunda década de este siglo, ha vuelto con fuerza. 

Lo más sorprendente para un españolito medio como yo, que estudió en Pamplona en los años de la Transición, es el apego que los batasunos y proetarras le han tenido siempre al mullet. Parece que el fenómeno independentista, a falta de una victoria militar sobre el Estado español, se haya conformado con triunfar en las peluquerías. Pero hay que reconocer que el triunfo ha sido casi total, solo hace falta acercarse a cualquier herrikotaberna (sin mí, por supuesto) para comprobarlo.

La demostración más palpable es la indudable pátina euskalduna que se adivina inmediatamente cuando aparece en pantalla el hijo menor de la protagonista de la muy recomendable serie Querer, producida por Movistar y localizada en los ambientes residenciales de la burguesía vasca en Bilbao. Este, que por supuesto es el rebelde de la familia y no oculta su condición de homosexual, luce un espléndido mullet de última generación, con el flequillo muy recortado pero exquisitamente ondulado, con unos laterales rapados que dan paso a la característica cola de caballo del mullet. 

El personaje en cuestión es la demostración evidente del salto de la marginalidad a la integración propiciada por Sánchez en su alianza con Bildu. Solo por ello merece la pena ver la serie. n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents