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Opinión | Salud y Rock 'n' roll

@la_unzu

«Señora»

Cuando la vida te sacude, aprendes a mirar con otros ojos, a valorar lo importante y reírte de lo demás

RuthBlack/Getty Images

RuthBlack/Getty Images

Déjenme que, por unos minutos, les entretenga en esta mañana de domingo, les saque de la terrible realidad en la que vivimos desde hace unos días con la catástrofe jamás vivida en nuestro país. Las cifras de fallecidos y desaparecidos son insoportables, y lo único que nos salva es ver la solidaridad del pueblo.

Déjenme qué les cuente que ayer fue mi cumpleaños, 47 años he cumplido. Veo los 50 cerca, soplándome en la nuca, casi la mitad de mi vida completada, y todavía no tengo muy claro cómo he llegado hasta aquí.

El viernes leí un artículo de Irantzu Varela para el suplemento de El País, SModa, con el que me sentí muy identificada y sobre el que he extraído algunas ideas que me apetece comentar. Son tiempos en los que nos enfrentamos a una nueva manera de ser «viejas». No me siento como cuando mi madre tenía mi edad, aunque ya me llamen «señora». No me he casado nunca, ni he tenido hijos, no me gustan los gatos y para muchos soy una solterona de manual, y a mí me da por reírme.

Llegar hasta aquí me ha dado superpoderes, detecto a los gilipollas con rapidez, tengo clarísimo lo que quiero y lo que no. Ahora me miro al espejo sin complejos y me encanta lo que veo. Disfrutar del sexo a partir de los 40 cuando conoces tu cuerpo es el mejor deporte que se puede practicar. Lejos de desconectarme de mi cuerpo, estoy más conectada que nunca, lamento lo que he perdido en el tiempo y voy ahora a compensar todo lo que no he disfrutado años atrás. Un amigo me decía que por las mujeres de más de 30 ya nadie se «revuelve el cuello» para mirarnos, y no puedo estar más en desacuerdo. Rollazo y follabilidad es lo que desprendemos las «señoras de mi edad». Tengo pocas canas, bastantes arrugas de expresión, todo natural, dejando que la naturaleza siga su curso y, por desgracia, también la gravedad. Y, a pesar de todo, creo que estoy en el mejor momento de mi vida, física y mentalmente. No me ha dado por hacer punto, me ha dado por seguir tatuándome y ya van 35. Disfruto de la vida sin ataduras ni compromisos de pareja, a estas alturas no creo en el amor. La cucharita está muy bien, pero un rato; valoro mucho mi espacio y mi silencio. Compartir ratos de intimidad y después cada uno a su casa es el equilibrio perfecto, sin dramas ni romanticismos ñoños. Y sí a esto lo quieren llamar ser una solterona, yo prefiero decir que tengo claro lo que quiero. Y con respecto a que me llamen «señora», puede que le esté cogiendo el gusto, por qué lo soy.

La menopausia se aproxima, los sofocos y los cambios hormonales, adiós a la maternidad, esa que elegí hace mucho tiempo no vivir. No me da miedo envejecer, me gusta cumplir años, seguir conociéndome y aceptándome tal y como soy. Cuidarme no es una cuestión de cremas, es una cuestión de actitud ante la vida de querer vivirla. Me hace gracia cuando me preguntan mi edad, «aparentas menos», «qué bien te conservas», «estás estupenda». Pensábamos, al menos yo, que al llegar a esta edad me vería más mayor, cómo veíamos a nuestras madres, pero nada más lejos de la realidad, hemos roto con ese patrón. Me siento joven y está claro que estamos ante una nueva forma de envejecer.

Tengo un grupo de amigas y hablamos desde hace tiempo sobre la idea de pasar el fin de nuestra vida en un ‘cohousing’. Una comunidad con casas individuales y espacios comunes. Nuevos modelos de convivencia para los que elegimos una vida distinta a la de nuestros padres. Pero mientras llega el ocaso de la vida, no tengo pruebas, pero tampoco dudas, de qué me queda lo mejor por vivir.

En el peor año de mi vida, al perder a mi madre tras una larga y dura enfermedad, solo puedo celebrar y brindar por lo compartido junto a ella, por el aprendizaje de vida que me ha dado y el amor que me ha quedado. Soy una afortunada de tener a mucha gente que me quiere y acompaña en la vida; a todos os digo que nos quedan muchos más regalos por abrir y mucho por bailar. Cuando la vida te sacude, aprendes a mirar con otros ojos, a valorar lo importante y reírte de lo demás. Lo hago desde hace tiempo, pero ahora mucho más.

Bienvenidos 47, estoy lista para seguir metiéndome en líos, practicar el sudapollismo y que me sigan llamando «señora». n

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