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Opinión | El que avisa no es traidor

Sensibilidad granítica e incapacidad gestora

El motor autonómico regional está gripado y es incapaz de distribuir los fondos que le llegan destinados a beneficio de los ciudadanos

Protesta por el impago del Bono alquiler en Murcia.

Protesta por el impago del Bono alquiler en Murcia. / Juan Carlos Caval

No dan una. No es que no acierten nunca, como podría interpretarse. Es que no dan ni una ayuda, ni subvención. No sueltan ni un euro. No hay más que repasar la larga letanía de quejas expresadas en las últimas semanas por diversos colectivos. A quienes pusieron placas solares (u otros aparatos) no les llega un céntimo de las ayudas prometidas, y que fueron incentivo para embarcarse en la inversión. Los destinatarios de ayudas al alquiler tampoco han visto un euro. Los expendedores de libros de texto tampoco ven por ningún lado la pasta subvencionadora que para el bono libro. Por fin, y para más inri, algunos familiares de dependientes cuentan que los ven fallecer antes de que disfruten de ayuda alguna.

Lo peor es que quienes deben canalizar y entregar esos dineros, los tienen. Porque les llegaron desde la instancias estatales encargadas de distribuirlos para los fines mencionados. Pero los dineros se atascan en la mecánica autonómica, murciana en este caso, sin que haya desatascador que los desatasque. El motor autonómico regional está gripado y es incapaz de distribuir los fondos que le llegan destinados a beneficio de los ciudadanos contribuyentes y merecedores por ley o decreto de tales ayudas. Esa sería la versión biempensante: las dificultades de funcionamiento, la falta de agilidad administrativa, sería la causa de esos fallos. ¿O acaso se gastan en otros fines inconfesables?

Hay versiones malintencionadas, según algunos, o acertadas, según la experiencia acumulada de años, que señalan que la mala gestión de esta Comunidad es ya tan proverbial que es incapaz de destinar la financiación que tiene, buena o mala, a los fines previstos, y que funciona a salto de mata, tapando agujeros y apagando incendios con el único fin de salvar las apariencias. Y evitando el ahogamiento financiero gracias a la benevolencia –¿o beneficencia?– de determinados bancos, como antes hacia la caja de ahorros «de bandera».

¿Gestionar? Si no fuera porque la situación en los rubros reseñados puede causar, y de hecho causa, la desesperación de los afectados, daría risa hablar de «gestión» en la actual CARM. En todos esos temas en los que se requeriría una actuación medianamente rápida de los gestores autonómicos para hacer llegar las cantidades devengadas a sus destinatarios finales, a los ciudadanos de a pie, la Administración autonómica murciana hace gala de una ineficiencia supina y de una sensibilidad granítica ante los problemas de los contribuyentes.

No vale culpar a la famosa desigual financiación autonómica, a no ser que la práctica sea que los agujeros que causa han de ser tapados con los montantes que llegan desde el Estado destinados a aquellos otros fines. Si así fuera, en todo caso, solo revelaría una incapacidad gestora digna de una entidad política bananera.

Mientras los ciudadanos, algunos, empiezan a organizarse en plataformas para reclamar abiertamente las cantidades prometidas que se les deben, la Administración autonómica hace gala de una inconsciencia paradigmática, pues no es sino capaz de balbucear excusas anodinas y promesas increíbles que se revelarán falsas con el paso del tiempo.

No hay que equivocarse. Es ridículo culpar al funcionario en general, sobre todo al de a pie. La ‘burrocracia’ suele residir varios pisos más arriba que el probo empleado que atiende en ventanilla. Responsables son quienes organizan y deberían engrasar la maquinaria encargada de ejecutar la distribución de ayudas. Del reparto del Bono Alquiler Joven, la Consejería de Fomento (de ella depende la Dirección General de Vivienda). De los bono libros, la de Educación. De las subvenciones a renovables, la de Industria. De las ayudas a la dependencia, la de Políticas Sociales.

Y, por encima de todos, el controlador de los cuartos del erario y el máximo preboste. Así que todo tiene nombres y apellidos. Basta repasar el organigrama gubernamental de la CARM. Son los que ofrecen día sí y otro también excusas ridículas y soluciones que nunca llegan. Solo excusas infumables y culpas a la «injusta financiación autonómica». Demasiado oído para ser creíble. 

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