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Opinión | El retrovisor

80 años en couché

La moda, el estilo, la clase, los hogares de ensueño de los famosos, fueron admirados desde el silencio de la lectura

Desaparecido quiosco de prensa de Andrés, en la Gran Vía Salzillo de Murcia, 2006.

Desaparecido quiosco de prensa de Andrés, en la Gran Vía Salzillo de Murcia, 2006. / Archivo TLM

El mes de septiembre de 1944 marcó un hito en la historia de la cultura popular española. En esta fecha aparece en los quioscos el primer número del Coyote, novela de aventuras original de José Mallorquí, que fue un auténtico ‘boom’. Prevista al principio como obra aislada, las aventuras de ‘El Coyote’ se prolongaron a través de 194 títulos, siendo traducida a 12 idiomas y publicada en 14 países.

Ese mismo año apareció un semanario de sociedad: ¡Hola!, cuyo primer número apareció en los quioscos el 8 de septiembre, naciendo con ella una incipiente prensa del corazón.

Fundada en Barcelona por Antonio Sánchez Gómez y su esposa, Mercedes Junco Calderón, ¡Hola! se mostraba como un semanario de amenidades, tratando de ofrecer a sus lectores un vistazo al glamour y los momentos más interesantes de la vida de celebridades, miembros de la realeza y figuras influyentes, desde el respeto y el entretenimiento, en unos años difíciles, oscurecidos por la guerra mundial -todavía en curso- y las miserias de la España de la posguerra.

Profusamente ilustrada, el éxito de la revista siempre radicó en la innovación y la tradición; veracidad y rigurosidad. ¡Hola! fue el espejo de los sueños de los españoles de entonces, al que se asomaban actores de Hollywood, aristócratas y millonarios. Desde entonces hasta hoy, las páginas de ¡Hola! formaron parte de las salas de espera en consultas de médicos, en peluquerías de señoras y caballeros y en el revistero junto al televisor en los hogares de aquí.

Bodas, bautizos, entierros (hubo quien imitó la mantilla que amortajó a Gracia de Mónaco en su propio óbito), reportajes y entrevistas exclusivas nos informaron durante ochenta largos años de la vida de una ‘jet’ a la que muchos imitaron dentro de sus posibilidades gracias a la calidad y cantidad de las fotografías publicadas. Se dijo adiós por parte de las señoras a los tradicionales ‘figurines’ de moda, para imitar prendas y vestidos de las famosas que aparecían en el ¡Hola!

Grace Kelly, Marilyn Monroe, los Kennedy, los Franco, Balduino y Fabiola, los Onassis, los Niarchos, Carolina y Estefania, Diana de Gales, Isabel Preysler y Tamara, Isabel de Inglaterra, Marisol y miles de famosos más llegaron a formar parte de las familias hispanas gracias a las páginas de ¡Hola!

Chismes, curiosidades, admiración y crítica se hicieron comunes entre sus millones de lectores. Opiniones acerca de bodas, divorcios, ruinas y grandezas o desgracias de los más significados de España y del mundo quedaron al alcance del ama de casa gracias a una revista que los caballeros negaban leer, pero que siempre leían, veían y comentaban.

La moda, el estilo, la clase, los hogares de ensueño de los famosos, fueron admirados desde el silencio de la lectura. Dramas y muertes significadas se han mostrado a lo largo de ochenta años: la boda de Fabiola y Balduino; la coronación de Isabel de Inglaterra; la trágica muerte de Diana de Gales; la boda de Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia; y las andanzas, amores y desamores de Liz Taylor y Richard Burton, fueron el pan de cada semana en la lectura obligada en el salón del hogar, en la cama del hospital, en el tren, en el avión y en la consulta del dentista.

Un fenómeno editorial que se lee en 30 países, se edita en 18 naciones y en 10 idiomas diferentes, llegando a 20 millones lectores. A lo largo de ocho décadas, ¡Hola! ha entretenido e informado, haciendo historia de una forma amena e ilustrada. Muy lejos quedan aquellas portadas iniciales realizadas por grandes ilustradores de la época. 

Su influencia ha sido notable entre sus lectores, contribuyendo en los cambios de estilo y de modas en la sufrida clase media. Grandes ediciones extra, como la del atentado a las Torres Gemelas de NuevaYork el 11 de septiembre de 2001, ponen de manifiesto la evolución y su adaptación a los tiempos y a los nuevos medios técnicos de una revista que nació sobre una modesta mesa de comedor en un hogar de Barcelona.

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