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Opinión | Cartagena D.F.

Transparentes

A este paso, no me extrañaría nada que los laboratorios dieran también con la tecla de la telepatía

Científicos estadounidenses vuelven transparente temporalmente  la piel de ratones de laboratorio con el colorante de los Doritos.

Científicos estadounidenses vuelven transparente temporalmente la piel de ratones de laboratorio con el colorante de los Doritos. / Heidi & Hans - Jürgen Koch

No, no es ciencia ficción. Así lo consideraríamos si lo hubiésemos visto en una película o leído en una novela. Pero ha salido en los telediarios, las tertulias radiofónicas y en los periódicos. ¿Quién nos iba a decir que los Doritos iban a obrar el milagro? Estos sencillos aperitivos ocultaban un colorante con el que los científicos han demostrado que pueden hacer que la piel sea transparente por un instante. Y si podemos ver todos los aparatos, órganos, huesos y músculos de nuestro interior, imaginemos la revolución que supondrá en la medicina, especialmente en el diagnóstico. Me recuerda este impresionante hallazgo a esas series de superhéroes en las que su protagonista se ruborizaba porque su visión láser le permitía ver lo que había debajo de la ropa. También a la fábula del traje nuevo del emperador, aunque, en este caso, lo que dejaba al aire las vergüenzas del soberano no eran los superpoderes, ni ningún descubrimiento científico, sino la cobardía de todo un pueblo que no se atrevía a señalar lo evidente, por si los tomaban por tontos, hasta que un niño acabó con tanta tontería. Pero eso es otro cuento.

Volvamos a la capacidad de invisibilizar la piel para dejar a la vista todo lo que llevamos dentro. Bueno, todo no. Porque el día que descubran lo que se esconde detrás de nuestras palabras, cuando decimos lo contrario de lo que queremos expresar, o que se metan de lleno en nuestros pensamientos, será el acabose. Ya sé que así es como nos sentimos cuando navegamos smartphone en mano y la pantallita nos muestra la frase completa y exacta que queremos escribir, o cuando nos ofrece el utensilio de la cocina que mejor nos iría para cortar la patata que estamos pelando. Al principio, da miedo, pero lo más impresionante es la velocidad de adaptación que tenemos a esta realidad virtual que se revela cada día más inteligente que nosotros y que nos manipula hasta tomar el control de buena parte de nuestras decisiones, sin que nos demos ni cuenta.

Debería consolarme pensar que lo que nunca podrán ver, leer o escuchar es nuestra conciencia más profunda, meterse en nuestra mente y saber con exactitud todo lo que pasa por nuestra cabeza, pero, a este paso, no me extrañaría nada que los laboratorios dieran también con la tecla de la telepatía. ¿Que no? ¿Acaso habían pensado que la invisibilidad podría escaparse alguna vez de la imaginación del Julio Verne de turno?

Lo del colorante que nos vuelve transparentes en lo físico es un gran avance, siempre que vaya más allá del ratón al que le han visto las entrañas y sigue vivito y coleando. El salto para desnudar nuestras mentes sería insoportable, como en esa película en la que Mel Gibson era capaz de escuchar: ¿En qué piensan las mujeres? ¿Imaginan?

Sí que tendría una ventaja lo de la telepatía, porque desvelaría la diferencia entre lo que pueden prometer y prometen nuestros políticos y, sobre todo, entre aquello a lo que se comprometen solo de palabra, mientras que lo que piensan realmente es «voy a tratar de mantenerme en el sillón y, más adelante, ya veremos». ¿O acaso tenemos que creernos esa especie de barra libre anunciada por nuestro presidente al garantizar que habrá más recursos para todas las Comunidades? Como si esto de la financiación no fuera el principal caballo de batalla entre las Administraciones, sobre todo cuando son de distinto signo, y aún más si el poder de encumbrar a un candidato en una investidura es nulo, como es el caso de nuestra Comunidad. Así que, no confiemos mucho en que, por más que el pleno de nuestro Ayuntamiento haya aprobado por unanimidad una moción para exigir a la Mancomunidad de los Canales del Taibilla que salve el Parque de Tentegorra, este paraíso recobre valor y vida, porque los mismos que lo han dejado caer, son los que dicen ahora que lo van a levantar. No dejemos que los árboles no nos permitan ver el bosque. Quizá bastaría con que todos fuéramos más transparentes para mejorar y encontrar soluciones. 

Pero ese es otro cuento.

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