Opinión | EL RETROVISOR
Letras con aromas de mar
Puigdemont está al caer y no volverá en el maletero de un coche

Letras con aromas de mar
Parece ser que las comunidades autónomas más pobres de esta España nuestra son las que van a financiar a las más ricas. Puigdemont está al caer y no volverá en el maletero de un coche. Está claro que la política nos quiere absorber incluso en verano. Ocurre igual que con las guerras; la mayoría de la guerras que se precien de serlo se iniciaron en verano. A Pedro Sánchez le va la estación estival a la hora de mover fichas en el tablero de las ocurrencias que lo perpetúen en la poltrona. Lo pudimos comprobar al convocar elecciones generales en pleno mes de julio, cuando la mitad de los españoles tenían los pies en el agua.
Afortunadamente, muchos hemos aprendido a renunciar a la esclavitud de la información, a los decretos ley y a las decisiones del Gobierno que acontecen un día sí y al otro también.
Alejado del mundanal ruido, entre papeles, y rodeado de cientos de libros, por fin encuentro el buscado y ahora bien hallado ejemplar que me devuelve al litoral de finales de los sesenta. Su título, A estribor la Costa Blanca, literatura de cabotaje, publicado en 1967; sus autores, Pepe García Martínez, Baldo Ferrer y el fotógrafo Tomás Lorente. Con un delicioso y breve prólogo de Manuel Fernández-Delgado Maroto. El mero hecho de abrir el libro supone una bocanada de fresca brisa marina, de cercanas playas vírgenes, de paisajes sometidos a la especulación del ladrillo.
El libro es un recorrido desde Alicante y Santa Pola hasta Mazarrón y Águilas, a la que se llamó Costa Blanca, mucho antes de que surgiera la denominación de Costa Cálida, la que da nombre a la genuina costa murciana.
«Navegar es necesario; vivir no lo es» reza el dicho de los tiempos de la Liga Hanseática. Los autores pusieron humor de peces embriagados de mar en las singladuras simpáticas de su embarcación. Un libro que merece la pena rescatar del olvido para conocer de primera mano como fue la cercana costa alicantina y murciana hasta la llegada del, en muchos casos, desatino urbanístico.
Especial atención merecen los comentarios sobre Cabo Roig, ya que fue en esos tiempos cuando Baldo Ferrer y José María Párraga decoraban el conocido restaurante junto al torreón vigía, con sugerentes murales de motivos marinos, piratas con parche en un ojo y damiselas en peligro.
Tiempos idos, que no olvidados en aquel bello paraje con apellidos tan recordados como Martínez Oliva, Ortega Tomás, Moreno Zarco, García Perea y tantos otros pioneros en el maravilloso cabo .
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