Opinión | La Feliz Gobernación

A rapa das bestas

"De repente, en uno de esos partidos, ya en la fase de cuartos, caí en la cuenta: todos los jugadores lucían el mismo corte de pelo"

Nico Williams y Lamine Yamal.

Nico Williams y Lamine Yamal. / EFE

He visto una docena o por ahí de los partidos de fútbol de la Eurocopa, y desde el primero observé que pasaba algo que era incapaz de detectar. Mi inquietud iba aumentado con la doble ración de cada tarde-noche. Estuve a punto de llamar a Esperanza Gracia, la amiga bruja de López Miras, pues es cierto que había algo que, pensaba yo, « me inquieta, me atormenta y me perturba». Lo peor era no saber de qué se trataba. Y la frustración de estar perdiendo facultades como periodista, profesión en la que la cualidad sustantiva es la observación. ¿Qué es lo que intuyo, pero no soy capaz de ver?

De repente, en uno de esos partidos, ya en la fase de cuartos, caí en la cuenta: todos los jugadores lucían el mismo corte de pelo. Todos, con la excepción española de Nico Williams o Cucurella, éstos con abanderada resistencia, más otros, muy pocos, cuya excepción confirmaba la regla. Al salir a la calle constaté que una mayoría de entre la juvenalia reproducía ese mismo look, a saber: se dejan el jopo en la cresta y se rapan al cero los laterales de la cabeza más el pescuezo a gran altura. Una moda, debe ser, pero se trata de una moda universal, sin distinción de países ni edades, pues la plaga afecta desde el adolescente Lamine Yamal al carlacón Cristiano Ronaldo. ¿Qué está pasando aquí?

Toda moda promueve la uniformidadad, pero siendo esto así suele haber espacio para la interpretación personal y para derivadas creativas dentro del canon. Sin embargo, esto que está ocurriendo es casi un proceso de militarización o el principio de un igualitarismo que se inicia en las peluquerías.

Podría sospecharse de estos jóvenes que cuando no hay barba que pelar usan la navaja de barbero allí donde encuentran pelo, pero he observado que el fenómeno se extiende también a las mujeres, pues muchas de ellas se afeitan por encima de las orejas sin que uno comprenda que haya necesidad alguna. Los varones de mi quinta siempre hemos asumido las labores de la esquila como una pesada carga matutina y no entendemos esta derivada hacia innecesarios afeites craneales, una disciplina similar a la de las chicas nudistas ibicencas, que según un amigo que acaba de llegar de la isla, todas sin excepción muestran estrictas depilaciones en salva sea la parte. Pues bien, que se sepa que sin pelo no hay alegría.

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