Opinión | Noticias del Antropoceno

El país que no amaba a los turistas

Turistas visitantes en Murcia se echan protección solar ante las altas temperaturas.

Turistas visitantes en Murcia se echan protección solar ante las altas temperaturas. / Francisco Peñaranda

El resurgir de España, después de la profunda depresión de la postguerra y su autarquía suicida, vino de la mano de tres sectores que aún hoy en día constituyen la columna vertebral de nuestra economía: el turismo, la industria del automóvil y la construcción de viviendas.

No hay nada nuevo bajo el sol. Nuestro sector exportador sigue soportado por la fabricación de vehículos y una sólida industria auxiliar (exportamos el 80% de los coches que producimos), la reactivación de la promoción inmobiliaria constituye la gran esperanza de los próximos años, y el turismo sigue soportando una parte considerable de nuestro empleo y de la balanza por cuenta corriente de nuestro país.

El turismo protagonizó el mayor cambio social de nuestro país en los años sesenta. Para impulsarlo se unieron los tecnócratas del Opus y los azules del régimen franquista, comandados estos últimos por el que vino a ser el mayor protagonista de ese sector económico, Manuel Fraga Iribarne. Con buen criterio, desde el Gobierno de Madrid se impulsó la creación de zonas especiales de desarrollo turístico, entre otros en la Costa del Sol, Mallorca y La Manga del Mar Menor.

A esos destinos, junto a una fuerte campaña de promoción (Spain is different) se volcaron recursos sin cuento. El turismo se desarrolló en ese momento siguiendo el modelo imperante entonces y que ahora se conoce como ‘capitalismo de amiguetes’. La Manga se creó a base de prebendas e influencias y Tomás Maestre construyó un imperio inmobiliario sin necesidad de poner dinero de su bolsillo que, por otra parte, parece que nunca le sobró. El ambiente de la época, y sus mecanismos operativos imperantes, quedaron perfectamente reflejados en La Escopeta Nacional. Las cosas no eran parecidas a como aparecen en la película de Luis Berlanga, eran así exactamente.

Finalmente, las decisiones estratégicas de la industria del automóvil ya se toman todas fuera de España y, por tanto, sin tener en cuenta nuestros intereses. La promoción inmobiliaria ha pasado de los emprendedores locales a los Fondos de Inversión extranjeros, que cada vez controlan más el sector y van a su aire. Y el turismo nos lo estamos cargando, legislando contra el alquiler turístico y con manifestaciones de nimbys (como se denomina en inglés a los que quieren disfrutar de las infraestructuras públicas pero sin molestias en su vecindad).

Menudo panorama. A este paso, volveremos a vivir de los gusanos de seda.

Suscríbete para seguir leyendo