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Opinión | El blog del funcionario

El hospital sin médicos a la vuelta de la esquina

La IA ha conseguido que, por primera vez en la historia de la humanidad, el futuro no esté delante, sino detrás

L.O.

L.O.

La inteligencia artificial (IA) va mucho más rápida que la sociedad, y en el ámbito sanitario los primeros pasos llevan dándose desde hace mucho tiempo.

Algunos venimos advirtiendo de que serán los propios usuarios (pacientes) los que pedirán a su facultativo que sea la IA quien analice sus análisis, quien informe de su mamografía o que, a través de la alta tecnología, quien le opere de un tumor o una rotura sea un tal ‘Da Vinci’.

En China ya han dado el visto bueno a un hospital experimental, que empezará a ser operativo este otoño, «con capacidad para diagnosticar enfermedades y establecer el tratamiento indicado»; más aún: sus responsables aseguran que su efectividad supera el 90%.

Lo mejor que tendrá este sistema es que el ‘médico’ o ‘enfermera’ virtual no se cansará ni se agotará, su capacidad de decisión será mil veces más rápida y estará vigilando al paciente 24 horas al día.

No será de la noche a la mañana cuando los usuarios y pacientes vean cómo la IA ‘invade’ nuestro sistema sanitario -no solo privado, sino también público-, y las urgencias seguirán aumentando pero, en cambio, muchos de los procesos que hacen que la sanidad esté en algunos momentos colapsada tienen los días contados.

Si las autoridades públicas en general, y las sanitarias en particular, fueran capaces de ver este país dentro de cinco o diez años, quizás, solo quizás, seríamos capaces de cambiar nuestras actuales estructuras administrativas, y es que el futuro ya está aquí, y este pasa por tener la capacidad de asumir los importantes cambios que están inundando nuestras vidas.

Hay ya herramientas que te permiten no ir al médico, conocer tus resultados desde tu casa, que las intervenciones quirúrgicas sean mucho menos agresivas y, sobre todo, con unos datos de recuperación que llegan a sorprender incluso a la comunidad médica, y todo ello irá expandiéndose como una mancha de aceite que lo inundará todo.

Si alguien nos dice hace unos años que prácticamente no iríamos al banco, que el dinero físico prácticamente desaparecería, que pagaríamos con el reloj, que las reuniones se harían por videoconferencia con un simple móvil, o que hoy en día las gafas de realidad virtual te permiten visitar las pirámides de Egipto, ‘andar’ por la Gran Muralla China, asomarte a las Cataratas del Niágara o sumergirte en la Gran Barrera de Coral en Australia sin salir de casa, hubiéramos dicho que eso pasaría dentro de cincuenta o cien años; en cambio, es ya una realidad.

Si ‘mañana’ sale a la venta una ‘máquina’ que en su casa le pincha un dedo para extraer sangre, o sirve también para depositar el envase de orina, y esa gota de sangre y el ‘pipí’ es analizada incluso por ella misma y usted solo tiene que dar a ‘enviar’ para que la IA le ponga o le indique el tratamiento a seguir, no se asuste, seguramente detrás de todo eso hay miles y miles de horas de investigación por parte de ingenieros, matemáticos, biólogos, hematólogos, oncólogos, etc., incluso psicólogos y esperemos que hasta filósofos.

La IA ha conseguido que, por primera vez en la historia de la humanidad, el futuro no esté delante, sino detrás.

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