Opinión | Olvido y memoria

Juan Bautista Sanz

La Gazeta del Arte

La Gazeta del Arte fue una revista quincenal, editada en Madrid en la década de los 70 de extraordinario interés artístico. Cubría la necesidad del nuevo coleccionismo y se dirigía a la gran afición renacida en los años de la Transición política española. La publicación, en blanco y negro y color, impresa sobre un papel noble, se distinguía de otras ediciones parecidas. Su cabecera tenía un precedente en los años treinta de muy parecido título: Gaceta en lugar de Gazeta, y que se editaba en Tenerife.

Tuvo una vida no demasiado larga, desde abril del 73 a diciembre del 76, como si la muerte de Picasso hubiera servido a los editores de inspiración creativa y revulsivo. Al título le acompañaba el subtítulo de Exposiciones y Subastas, esa era la gran novedad, daba cuenta de las múltiples exposiciones que se realizaban por todo el país en instituciones públicas o entidades privadas, como galerías de arte, haciendo hincapié en el mercado del arte que empezaba a mover dinero y a sacar a los artistas del largo túnel, oscuro y apagado, de épocas anteriores. Impulsó con su presencia las posteriores convocatorias feriales dedicadas al llamado Arte Contemporáneo.

De La Gazeta del Arte se llegaron a publicar 84 números y algunos extraordinarios y especiales como los dedicados a Canarias y al propio Picasso. Su ámbito nacional e internacional proporcionaba noticias de la actividad en provincias y sacó a la luz la obra de muchos artistas hasta entonces poco conocidos o muy desconocidos. Internacionalmente dio noticia de acontecimientos artísticos de alto nivel. La publicación estuvo dirigida por Carlos José Costas y contó en su redacción con numerosos colaboradores, críticos de arte, escritores y fotógrafos. También con una red de corresponsales en el extranjero y buenos profesionales que mandaban sus crónicas desde las provincias españolas. La Gazeta del Arte, a pesar de su corta vida, fue de una gran utilidad para poner constancia publicada de la fortaleza y vigencia de aquel arte del siglo XX, con especial esmero en su mención al español, siempre de raza y feliz ejecución.

Aquella revista apoyó la dedicación coleccionista, la poco conocida, por entonces, pasión por la obra gráfica contemporánea contribuyendo a la mejora vital de los artistas de la época. Se hizo eco generoso de exposiciones antológicas y de los artistas en activo proporcionando un nuevo conocimiento de lo que se estaba creando en un tiempo de especial vitalidad en lo social. Numerosa fue la nómina de colaboradores de la revista, entre los que se encontraba el murciano Antonio Martínez Cerezo. 

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