Opinión | El retrovisor

Aquellos tiempos: Julio Navarro Albero

Julio Navarro Albero en su infancia, por el fotógrafo Basper.

Julio Navarro Albero en su infancia, por el fotógrafo Basper.

La infancia de don Juan Tenorio debió ser (Zorrilla nunca lo dijo) una infancia acomodada. Corriendo y jugando libre en alguna hacienda, entre alcornoques y acacias, entre graneros y terneros… Así lo imagina don Julio Navarro Albero, el más Tenorio en los otoños murcianos.

No, ‘Julico’, como le llamaba cariñosamente su querida madre, la actriz Ángela Albero Pineda, no vino al mundo con enhiesta perilla, y mucho menos con el acero toledano al cinto. Lo hizo como todo el mundo, en este caso en el Hospital Provincial, un 21 de noviembre -mes adecuado para la trayectoria artística que el futuro le depararía- del año 1963, fecha cercana al asesinato del presidente Kennedy. Fue un parto difícil para aquellos tiempos, debido a la cesárea a la que debió de ser sometida su progenitora. A ‘Julico’ en un principio lo dieron por muerto, afortunadamente para todos, no fue así.

Conciliaba el sueño placidamente, en aquellos días, nuestro protagonista, escuchando las películas narradas por mamá, películas románticas y de aventuras, suplentes de los tradicionales cuentos infantiles, narraciones que hacían soñar al pequeño Julio.

Admirador empedernido del Far West, sus héroes siempre calzaron espuelas y Colt Custer y Buffalo Bill fueron sus mitos, mientras daba cuenta de sus meriendas de pan con foie-gras y dos onzas de chocolate, su merienda preferida.

Alumno del colegio marista de ‘La Fuensanta’, jugaba a la pelota en sus patios y en las inmediaciones de su calle. Apasionado del cine, frecuentaba las matinales en la sala Gran Vía, películas de romanos y del oeste que tomaban vida al emularlas con sus muchos amigos en los juegos callejeros. Sus ensoñaciones tomaban vida en mil batallas con los soldaditos de goma teniendo como escenario el ‘fuerte’ en el que soldados de azul y colonos se protegían de ataques furibundos de sioux y comanches.

Recuerda con admiración la figura de su profesor, eterno gentleman, el ilustre don Juan Estremera. Y de aquellos libros juveniles de Julio Verne y Emilio Salgari que le iniciaron en la lectura y que forman parte de sus inicios literarios, al igual que la emoción que le provocan los recuerdos de sus largas estancias estivales en la casa de sus abuelos en el monte, en la cuesta que lleva al Santuario de la Fuensanta en Algezares. Allí, ‘Julico’, en las reuniones familiares, recitaba los versos de Zorrilla: «Era entonces de Toledo por el rey gobernador el justiciero y valiente don Pedro Ruiz de Alarcón…».

Niño ordenado y obediente. Su padre, el actor Julio Navarro Carbonell, pasaba largas temporadas en Madrid debido a sus actuaciones en el cine. ‘Julico’ se apuntaba en aquellos veranos a las excursiones al litoral que organizaba su vecina la Justa con grupos de zagales de Algezares en días de sol, pinos y piedras.

Su paso por los Boy Scout cambió su vida de adolescente gracias a las marchas, acampadas y sana camaradería.

Hincha del Real Madrid, aunque siempre fue admirador del guardameta Iribar, gustaba de escuchar en Antena 3 radio el programa de Gomaespuma y los televisivos Un, dos, tres y, especialmente, Estudio Uno, el que dirigiera el inolvidable Gustavo Pérez Puig.

Julio, durante años, fue baluarte de la movida de los ochenta al encargarse del bar ‘La Champa’ en la Murcia la nuit, ubicado en Alfonso X El Sabio, trabajo que le proporcionó buenos duros y le permitió adquirir un piso.

Resulta curiosa la imagen captada por el fotógrafo Basper del niño Julio Navarro Albero, tocado con gorra marinera y un cigarrillo en la mano, ya que en su vida ha fumado ni un solo pitillo.

Julio Navarro Albero en su infancia.

Julio Navarro Albero en su infancia. / Basper

Estudios: COU.

Profesión: actor y director de la compañía teatral Cecilio Pineda. Actor en las compañías Alquibla Teatro y Zarco.

Comienzos: años 80, encargado del bar ‘La Champa’

Aficiones: naturaleza, teatro y cine.

Curiosidad: meriendas de pan con foie-gras y con chococalte.

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