Opinión | Salud y Rock 'n' roll

Las primeras veces

Cuando pierdes a alguien, las primeras veces sin esa persona son una punzada aguda en el corazón que te deja sin aire, pero son parte de la vida

Desde hace tiempo es la primera vez que tengo mucho tiempo libre. La primera vez que no tengo que estar alerta, ni salir corriendo porque sucede algo en casa. Creemos que al crecer se acaban las primeras veces, pero no es así, una vez que pierdes a alguien, de repente vuelven las primeras veces de muchas cosas. Todo es nuevo, algunas situaciones pasan por primera vez y es extraño.

Ha sido la primera vez que he vuelto al trabajo y no he recibido su llamada para saber cuándo vuelvo a casa, cuándo vuelvo a su lado, ha sido raro, doloroso, pero no hay más remedio que acostumbrarse a ello. Es la primera vez que he vuelto al mar, sin prisa, con un libro, sin tener que calcular el tiempo que puedo permitirme para desconectar. Es la primera vez que he vuelto a casa sin ella, y se me cae encima el silencio, el vacío. Me consuela que tengo grabada su cara sonriéndome mientras me decía adiós desde su sillón hace unos meses, me veo a mí misma sonriendo acordándome de ese momento, de esa sonrisa y me gusta quedarme mentalmente ahí un rato.

Es la primera vez que vuelvo a la farmacia, hace un mes y dos semanas que no he pasado por allí, cuando antes lo hacía casi a diario. Es la primera vez que voy a la modista y no para llevar ropa de mamá. La primera vez que me he encontrado a gente por la calle que no se ha enterado de lo ocurrido y les tienes que decir que ya no está. Es la primera vez de tantas cosas que a veces me agota.  

Hay otras cosas que no soy capaz de hacer aún, como ir a la peluquería, que me pregunten y decirles que ya no está, pasar por esta primera vez aun no me apetece, aunque mi pelo necesite urgentemente un cambio de imagen, aunque ella «no me dejaba» que me lo cortara. Tampoco puedo recoger su cuarto, ordenar la ropa de encima de la silla, hacer la cama. Recoger el pastillero, las cajas de medicamentos, el espesante, las cajas de pañales, el pulsioxímetro, o el termómetro. Tampoco puedo llamar al servicio Vitalaire para que recojan su máquina de oxígeno y él aspirador, o el motor de las nebulizaciones, para estas primeras veces no tengo prisa.

Cuando eres joven pasas por esas primeras veces que recuerdas toda la vida, el primer beso, la primera vez que haces el amor, la primera vez que conduces. Que te vas de viaje al extranjero o duermes con amigas fuera de casa. Con el paso del tiempo estas primeras veces se recuerdan con nostalgia, con cariño. Cuando pierdes a alguien, las primeras veces sin esa persona son una punzada aguda en el corazón que te deja sin aire, pero son parte de la vida. 

Estoy viviendo un montón de primeras veces, duele, aún me cuesta creerlo, me parece que han pasado años y sólo llevo un mes y dos semanas de primeras veces y sé que quedan muchas más. A partir de ahora todo será así, pero no siempre va a ser triste, también es la primera vez que he bailado y me he reído desde que se ha ido, acompañada de los de siempre, de los mejores, de los que me sujetan, ¡qué suerte vivir estas primeras veces con ellos!

Lo mejor de todo es que la actualidad política me importa entre poco o nada, no sigo las noticias, ni leo la prensa. Yo, que no he perdonado un debate parlamentario y ahora practico el pasotismo político. También estoy fuerísima de la Eurocopa de Alemania, ¡con lo futbolera que soy!, eso sí, me leo todos los análisis post partido de M. Rajoy, pura magia.

Es tiempo de primeras veces, de sentir, de conectar y aquí estoy viviéndolas como llegan. Hoy toca vivir otra de ellas, ver el encierro de San Fermín sin ti y acordándome del abuelo. Lo verás desde el mejor balcón y seguro que Hemingway estará por allí diciendo ¡Gora San Fermín! Yo mientras seguiré viviendo mis primeras veces, poco a poco, sin prisa. 

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