Opinión | Elecciones legislativas

Francia vuelca del Frente Nacional a Frente Popular

La dirigente de Agrupación Nacional Marine Le Pen.

La dirigente de Agrupación Nacional Marine Le Pen. / EFE

Marine Le Pen le suelta a Christiane Amanpour que Reunión Nacional ( RN) no es un conglomerado de extrema derecha, sino que oscila "entre el centroderecha y el centroizquierda". Es decir, un partido como los demás. La estupefacción de la venerable periodista de la CNN ha sido compartida por los votantes franceses en la segunda vuelta. Quienes asociaban lógicamente al lepenismo con la extrema derecha seguían asustados, y se expresaron en consecuencia. Quienes pensaban apostar por un triunfo reaccionario se sintieron traicionados, ante la migración del inocultable Frente Nacional a la tierra de nadie que desean controlar todas las formaciones.

Francia ha protagonizado un vuelco espectacular, pero en sentido inverso al previsto, del Frente Nacional al Frente Popular. El frentismo está garantizado porque el efecto Mbappé huía de ambos "extremos" y solo ha funcionado a medias. El triunfo de una ultraizquierda bautizada con el provocador título de Frente Popular desatará los miedos inversos a los previstos, en una sociedad europea que vive de sobresalto en sobresalto. La jugada magistral de las elecciones francesas fue ejecutada el mismo domingo de la primera vuelta por el repelente Mélenchon, al ofrece la retirada de sus candidatos supervivientes pero situados en tercera posición. El macronismo remoloneó según acostumbra por su pulsión napoleónica, pero acabó por sumarse a la neutralización de Reunión Nacional. Así de sencillo pero así de difícil, sacrificar piezas clave a cambio de acabar dando el jaque mate desde un extremo a otro del tablero. Al igual que ocurre cuando los Le Pen se presentan a presidentes de Francia, el padre Jean-Marie con Chirac o la hija Marine con Macron, la indignación transversal se apodera del país y neutraliza en masa pero con pinzas las aspiraciones familiares. La discutida disolución de la Asamblea acordada por el macronismo tras el desastre de las europeas salvaguarda la polémica. Los poderes fácticos no tardarán en reprochar al presidente francés que haya propiciado la victoria del Frente que más temen, y que no es el Nacional.

La ultraderecha no desaparece, continúa siendo en toda Europa el enemigo a batir o el partenaire inevitable, véanse como muestra media docena de comunidades españolas. O repasen una victoria laborista en el Reino Unido que se asienta en el freno frentista de los extremistas del Reform de Nigel Farage a los Conservadores.