Opinión | La Feliz Gobernación

El nopor como síntoma

La propuesta del Gobierno para limitar el acceso a la pornografía genera dudas sobre su aplicación

La propuesta del Gobierno para limitar el acceso a la pornografía genera dudas sobre su aplicación / AP

Ahora que el Gobierno Sánchez pretende racionar a los adultos el consumo de nopor, bien vendría revisar El escándalo de Larry Flynt, de Milos Forman, o releer La mujer de tu prójimo, de Gay Talese, película y libro que muestran cómo lo que desde la moral convencional se ha tenido por obsceno ha constituido la palanca para ampliar la libertad de expresión.

La revista Hustler o la novela El amante de Lady Chatterly, de D. H. Lawrence, han hecho más por ese derecho democrático que la lucha de los medios tradicionales de prensa que, pretendiendo ampliarlo, sin embargo condenaban los ‘excesos’ de las publicaciones o narraciones explícitamente sexuales. En unos Estados Unidos erotofóbicos, jueces conservadores del Supremo sancionaron que la moral sobre lo obsceno no podía limitar el derecho superior de la libertad de expresión y, en consecuencia, se despejaron los límites para ésta en todo tipo de cuestiones.

La paradoja es que un tipo como Larry Flynt por el que cruzarías a la otra acera si lo vieras venir de frente es una de las personas a quienes debemos la apertura total de una de las libertades más sagradas de las democracias occidentales.

Hoy mismo, el nopor es uno de los factores determinantes que diferencia una dictadura de una democracia. En las primeras, sean de derechas o de izquierdas, está sistemáticamente prohibido. El ‘destape’ de la Transición constituyó uno de los ejemplos más visibles de ruptura contra la dictadura nacionalcatólica de Franco. Una vez más el sexo como signo de liberación social y política, por mucho que a su vez contenga el riesgo de la cosificación.

El nopor, sobre todo tras su difusión masiva y gratuita por Internet, ha contribuido a la banalización del sexo, a la inducción de conductas indeseables y a un proceso de deseducación de las nuevas generaciones con especial incidencia contra las mujeres. Alguna norma hay que establecer para que los menores se salven, que debería venir desde una actuación en positivo sobre el sexo en aulas y familias. Sin embargo, es inevitable desconfiar de cualquier control o racionamiento desde el Gobierno, pues si en otro tiempo el nopor fue acicate de las libertades, hoy pudiera serlo de su liquidación. ¿Qué vendrá después de limitar el acceso al nopor?

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