Opinión | Nos queda la palabra

Más humo, por favor

En las catacumbas, donde parecen proceder algunos de los monstruos que creíamos bien enterrados y ahora amenazan la convivencia acá y allá, igual hay alguien que todavía piensa que el despido libre crea empleo estable. Ya saben, no ha mucho, que se aducía que la flexibilidad era lo mejor para el trabajador. Si fuera así, en España ya sabemos que existe la magia pues resulta que impulsar la estabilidad en el empleo nos está llevando a récord de ocupación y de cotizantes a la Seguridad Social. Milagro sobre el milagro de pactar una reforma laboral conjunta de Gobierno, empresarios y sindicatos que se aprobó de milagro en el Parlamento.

Los mismos a los que ya no se les oye exclamar contra cualquier avance laboral son los que ahora esgrimen el coche como factor para reducir la contaminación. Y ahí tenemos a nuestras hermanas mayores Murcia, Cartagena, Lorca y Molina de Segura abriéndose de piernas y de lo que haga falta con tal de que el automóvil llegue al centro, se extiende por la periferia y recorra, sin pudor, toda su piel geográfica. Aseveran que reducir el tráfico no garantiza disminuir las emisiones. Fuera de Europa, ajenas a cualquier medición que confirma diariamente que superamos todos los niveles permitidos, y a su bola, pasando de los fondos comunitarios que apuestan por la movilidad sostenible; se abrazan al asfalto rodado como si no hubiera un mañana que, de seguir su ejemplo, igual no lo hay.

Me he echado un amigo alemán en la playa que dice que en Munich la gente vacila que no tiene coche, exhibiendo su bicicleta como si fuera un BMW o un Mercedes en España. Me cuenta que sólo en esa ciudad suman más verdes que en toda España. Y me dice, ingenuo, que por qué no se usa más el autobús.

Aquí, en nuestras ciudades con más de 50.000 habitantes de la Región de Murcia, el autobús o la bici se utilizan solo como coartada para dejar todo como está o, peor aún, horadar el centro de aparcamientos para que nuestro único amigo, que tiene cuatro ruedas, pueda llevarnos, nunca mejor dicho, hasta el fin.

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