Opinión | Noticias del Antropoceno

El factor suerte para el emprendimiento

Mi experiencia es que en cualquier proyecto emprendedor hay unos momentos iniciales, que podemos llamar fundacionales, en los que se ponen las bases de lo que será el futuro del negocio. La suerte está echada en esos primeros compases, lo que viene a continuación es mucho trabajo y algo de buena suerte. Como en el chiste, no creo en la suerte porque da mala suerte. Pero como las meigas, la mala y la buena suerte existen y cualquier empresario te confirmará esa afirmación.

La buena suerte empresarial vino en mi caso porque una empresa pública (su accionista único es el Ministerio de Obras Públicas, así llamado entonces), el SEPES, por todos conocida porque urbaniza y vende suelo industrial por cuenta de las Administraciones, heredó de tacón un proyecto residencial que tenía una turbia historia. En concreto, una empresa privada de Cartagena, la Compañía General Urbana, había conseguido los permisos necesarios para urbanizar un millón de metros cuadrados situados cerca de Santa Ana, en el noroeste del municipio de Cartagena.

Esto sucedió siendo ministro del ramo Joaquín Garrigues Walker y las sospechas se cernieron sobre alguien de su equipo. Finalmente, no sé en virtud de qué circunstancias, ese suelo con su proyecto de urbanización pasó a manos públicas y SEPES, que había heredado también la estructura y funciones del INUR (Instituto Nacional de Urbanismo), se hizo cargo del suelo y del proyecto de urbanización.

En ese momento, el presidente de SEPES era Gonzalo Navarro, un arquitecto de militancia histórica en el socialismo madrileño (estamos en el año 1987 y en España gobernaba el PSOE), con el que tuve la oportunidad de entrevistarme gracias a los buenos oficios de José María Lara Carvajal, entonces delegado en Cartagena de SEPES. A Gonzalo le encantaba la comunicación y yo en eso, he de reconocerlo, tenía conocimientos teóricos y prácticos de sobra ya en aquel momento.

Mi suerte fue que conecté a nivel personal con él, un hombre culto e intelectualmente hiperactivo, lo que me facilitó trabajar para SEPES los siguientes años en diversos proyectos de gran dimensión, con el éxito del lanzamiento de la promoción de Santa como antecedente y referencia. Colaborar con SEPES me abrió las puertas de Madrid, donde inauguré una oficina de mi agencia TAM TAM al filo de los años 90.

Mucho trabajo y algo de buena suerte. No hay otra fórmula.

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