Opinión | Limón&Vinagre

Albert Soler

Mark Rutte: Buenos tiempos para la bélica

No es ningún secreto que a los países ricos no les gusta demasiado prestar dinero a los países pobres, porque consideran que éstos no van a administrarlo correctamente

Mark Rutte (a la derecha), próximo secretario general de la OTAN.

Mark Rutte (a la derecha), próximo secretario general de la OTAN. / François Mori / AP

La relación de España con la OTAN ha sido más o menos la misma que con la OTI: ahí siempre hemos cantado mucho. El Gobierno de Felipe González metió a España en esta organización militar casi con calzador, después de meses, incluso años, negando que tuviera esa intención. En aquellos tiempos nos molestó bastante que un Gobierno socialista nos engañara de tal manera, pero con el tiempo hemos sabido valorar aquella enseñanza, que se resume en «no te fíes jamás de lo que diga un presidente del PSOE». Gracias a aquellos polvos, hemos tragado con el lodo de la amnistía del ‘procés’ sin pestañear, porque sabíamos que esta se avecinaba desde el momento en que Pedro Sánchez negó un montón de veces su posibilidad. Un pueblo se hace adulto el día que ya no le molestan las mentiras de sus gobernantes. En los años ochenta éramos todavía un pueblo adolescente. Ahora no es que no nos fiemos de nuestros gobernantes, es que sabemos sin ninguna duda que siempre mienten.

A Mark Rutte, el holandés que va a ser el nuevo secretario general de la OTAN, las mentiras españolas no le pillan de nuevo, aunque Sánchez las denomine «cambios de opinión». Cuando el Gobierno español se comprometió a destinar un 2% de su PIB a gasto militar, sabía que no iba a cumplir su palabra, la palabra de un Gobierno español apenas cotiza en los mercados internacionales. De hecho, ni siquiera lo hace en el mercado nacional. Holanda sí cumplió, y lo hizo precisamente con Rutte al frente del Gobierno, mientras que España sigue en la cola de todos los países que forman parte de la organización. Una de las primeras tareas que va a llevar a cabo Rutte en cuanto tome posesión del cargo va a ser echar una ojeada a la lista de todos los países de la OTAN, con su gasto militar al lado, bien apuntado. Allá a lo lejos, al final de todo, casi cayéndose del folio, aparecerá España. Uno siempre puede aducir que España es un país pacifista que prefiere destinar el dinero a otras causas -aunque los españoles no las notemos-, pero a eso Rutte -y todos los demás- podrán responder que si España no quería gastar en armamento, no haberse apuntado a una organización militar, que eso es como apuntarse a una orgía y no querer bajarse las bragas (los militares suelen ser gente que habla claro, amén de un poco machista).

Sin aprecio por el sur

Lo del escaso gasto militar es la gota que va a colmar el vaso de Mark Rutte, que nunca ha sentido un aprecio exagerado por los países del sur de Europa. Una de las más sonadas polémicas que ha protagonizado fue cuando, en plena pandemia del coronavirus, un camionero de su país le reclamó que no diera dinero «a los españoles» para paliar los efectos del coronavirus en la economía, y Rutte le respondió entre risas que tendría en cuenta su consejo. No es ningún secreto que a los países ricos no les gusta demasiado prestar dinero a los países pobres, porque consideran que estos no van a administrarlo correctamente (en el caso de España, los propios españoles podríamos darles la razón a los países ricos, si no lo hacemos es porque no nos iban a ayudar nunca más y eso iría en nuestro propio perjuicio). Incluso dentro de una misma nación, las regiones ricas se muestran reacias a compartir su riqueza con las menos favorecidas, véase el caso de Cataluña. Podría llegarse a pensar que los países y regiones ricas lo son precisamente gracias a su egoísmo y tacañería.

Uno nunca ha sabido de donde sale el nombre de Organización del Tratado del Atlántico Norte, ni qué demonios significa, pero es que uno no sabe ni siquiera donde cae eso del Atlántico norte, seguro que bastante lejos. El Mediterráneo tiene también norte y sur -además de este y oeste, como cualquier mar que se precie- y a mí no se me ocurre decir a las amistades que paso las vacaciones en el Mediterráneo norte -menuda cursilada-, y eso que las paso en L’Escala. De todas formas, estos son buenos tiempos para ponerse a dirigir una organización militar. Con una guerra en Ucrania, con Oriente Próximo convertido en un avispero, con Rusia y Corea del Norte haciéndose mimitos y con un más que probable regreso de Trump a la presidencia de EE UU, Mark Rutte se va a divertir. De eso se trata, a determinadas alturas de la vida uno no busca un trabajo ni por dinero ni por fama ni por poder, sino para divertirse. Lo bueno de ser secretario general de la OTAN es que uno puede jugar a las guerras con la seguridad de que nada le va a ocurrir, de que su nombre jamás va a estar entre las decenas de miles de fallecidos de cualquier conflicto que haya contribuido a crear. Uno puede amenazar, invadir o masacrar sin perder la sonrisa, que la vida son cuatro días y no vale la pena amargarse. 

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