Opinión | Noticias del Antropoceno

Murcia, un paraíso para los okupas

El Consejo General del Poder Judicial refleja en un reciente y detallado informe el tiempo que se tarda en cada Comunidad Autónoma para alcanzar una sentencia firme de desokupación de una vivienda. Entre los plazos más largos destaca la Región de Murcia, que es la tercera Comunidad, por detrás de Castilla y León y Madrid, que más tarda en en que dicten este tipo de sentencias.

Y no es que los Gobiernos locales y regional hayan hecho dejación de sus funciones; es que el colapso de la Administración judicial y el sistema letalmente garantista de nuestro país impide que el curso legal de las demandas por ocupación tengan una resolución menos dilatada en el tiempo. Hay que resaltar que la mayor parte de los 27 meses que se tarda en echar a un ocupa de una propiedad ajena en la Región de Murcia se produce por la apelación ante la sentencia en primera instancia del juicio oral, que en Murcia se lleva también la friolera de treinta meses en producirse, según el mismo informe.

Para la patronal de agencias inmobiliarias -FADEI- el fenómeno de la ocupación se produce en gran parte por la ausencia de promoción pública de vivienda social. Aún siendo un factor relevante, no explica en absoluto el cien por cien de lo que sucede en nuestro país, donde la ocupación ilegal de viviendas se ha convertido en un fenómeno social de indudable amplitud.

Ésta se disparó con el estallido de la burbuja inmobiliaria, que hizo que miles de propietarios no pudieran pagar sus hipotecas y que, por otro lado, la banca regional tuviera que ser rescatada con dinero público. A eso se unió la conocida como revolución de los indignados, que tomó los desahucios como referencia principal para movilizar la conciencia ciudadana, con los oportunistas de Podemos actuando como vanguardia. Esa indignación, junto con la nacionalización, SAREB de por medio, de un amplio parque de viviendas no finalizadas o no habitadas en nuestro país, hizo que la ocupación ilegal fuera disculpada, cuando no manifiestamente apoyada, por amplias capas de la población de nuestro país.

Y cuando el hambre se juntó con las ganas de comer (en este caso el colapso por garantismo y falta de recursos del sistema judicial), se produjo una combinación letal que está arruinando la imagen de nuestro país ante los europeos del Norte, que están empezando a huir como de la peste de nuestro mercado de segunda residencia. n

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