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Joan Tapia

ERC: doble y pesada digestión

Los republicanos deben decidir si invisten a Illa o van a otras elecciones. Y también están divididos respecto al futuro de Junqueras 

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general, Marta Rovira, en una imagen reciente.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general, Marta Rovira, en una imagen reciente. / Marc Puig / ERC

No habrá investidura en junio y quizás haya que esperar a fines de agosto para saber si Salvador Illa, ganador de las elecciones con 42 escaños es investido. O si en octubre se tendrán que repetir las elecciones.

Nada es fácil. Illa sólo llegaría a la mayoría absoluta de 68 escaños sumando los 20 de ERC y los 6 comunes. Y pese a la oferta de Illa de pactos transversales (el PSC aguantó al Govern Aragonés la segunda parte de la legislatura), el independentismo está ante un áspero nuevo mundo. Por primera vez en muchos años no tiene mayoría absoluta. Puigdemont lo admite a medias, como un accidente que se debe subsanar repitiendo elecciones. Y a eso juega -es su derecho-, pero para ello necesita que no haya pacto PSC-ERC.

Y ERC está hecha un lío. La derrota ha sido dura pues ha bajado del 21,3 % al 13,7 % del voto y de 33 a 20 escaños. Y no sabe la razón. ¿Por qué el voto se ha polarizado tanto entre el PSC y Junts que, pese a la derrota independentista, ha subido sus votos un 1,5 %, hasta el 21,6 %? Quizás porque el Govern de ERC ha tenido aciertos, pero no ha sido notable y porque la negociación «tremendista» -con todos los focos puestos- de la ley de amnistía entre Sánchez y Puigdemont le ha dado gran protagonismo. Puigdemont ha negociado con Madrid -decía que no lo haría-, pero ha humillado a Sánchez. Y el agit-prop de la derecha lo ha magnificado con su cruzada contra la amnistía.

El pacto PSC-ERC, con el PSC en la presidencia de la Generalitat, no es fácil. Para ERC es un trago amargo, teme ser atacada por Junts y está traumatizada por el castigo electoral. Además, esta derrota ha abierto una guerra interna entre Junqueras, el líder de ERC desde hace muchos años, y Marta Rovira, su secretaria general. Ya cuando Joan Puigcercos -tras el tripartito- propulsó el liderato de Junqueras, que no era de ERC sino un independentista con «gancho», lo hizo acompañar por Marta Rovira, más de la ERC tradicional. Y ahora este pacto se ha roto.

Junqueras quiere seguir liderando ERC y dice tener derecho porque ha levantado el partido y la justicia española le ha impedido ser candidato, pero tiene en contra un potente movimiento de fondo. El manifiesto de 300 militantes (ahora 700) pidiendo una nueva y más plural dirección, está ahí. Y lo firman no sólo casi todos los consellers de Aragonés, sino también la ERC histórica de Puigcercos y Xavier Vendrell. E incluso gente de Carod-Rovira como el expresident del Parlament Ernest Benach

¿Qué ha pasado entre Junqueras, Aragonés, Rovira y Puigcercos? Simplificando, unos creen que Junqueras peca de un personalismo profético que roza lo inaguantable. Y Junqueras dice que el Govern Aragonés ha tenido fallos y que el tándem Aragonés-Sabría (ojo al algo prepotente consejero presidencial) se equivocaron al decidir la disolución. También cree -es mesiánico- que pese a las críticas de muchos dirigentes sigue teniendo el apoyo de las bases republicanas. Y hay quienes piensan que Junqueras es -pese a todo- el mayor activo de ERC y que durante años ha sido el político catalán más valorado. ¿Hay que tirarlo por la borda?

ERC está volcada en su lucha intestina y, al mismo tiempo, debe decidir si llega a un pacto con Illa (y con Sánchez), o se aventura a unas nuevas elecciones -sin candidato conocido- en las que podría perder aún más. Veinte diputados son todavía muchos y permitirían pesar en la política de Illa. ¿Y qué pasaría en Junts si Puigdemont -estandarte y cemento de su coalición- se tuviera que retirar como Artur Mas o José Montilla

Por otra parte, la 'financiación singular' que ofrece Sánchez y el 'concierto económico' que exige Rovira suenan muy lejanos. Pero teniendo en cuenta lo posible (no los sueños), quizás no estén tan alejados. Joan Ridao, uno de los cerebros de ERC y antiguo secretario general, acaba de escribir: «se trata de que se respete el principio de ordinalidad, sin pérdida de la capacidad redistributiva del modelo, pero evitando -eso sí- que Catalunya pase de ser la tercera en capacidad fiscal a la décima en recibir». Creo haber oído algo muy similar a Salvador Illa en la campaña. Pero, ¿cómo se pone el cascabel al gato?

Todo está en el aire (en ERC y en la investidura), pero quedan muchos días hasta el 25 de agosto. 

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