Opinión | Desde mi picoesquina

Reconstruir la izquierda

La unidad de la izquierda del PSOE ha de tener presente la democracia interna, la amplia implantación territorial y, sobre todo, el dar respuesta a los problemas reales de la gente

El presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, junto a  la primera ministra, María Jesús Montero, y la vicepresidenta primera, Yolanda Díaz.

El presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, junto a la primera ministra, María Jesús Montero, y la vicepresidenta primera, Yolanda Díaz. / Europa Press

Los resultados electorales del pasado 9 de junio en Europa, en los que la ultraderecha es la primera fuerza política en Francia, Italia, Bélgica, Austria, y Hungría, y segunda en Alemania, junto con la preocupante asunción por la derecha clásica de muchos de los postulados de esa extrema derecha, nos deben mover a la reflexión. En las pasadas elecciones generales en España del 23 julio, si bien, como se ha venido diciendo, se pudo frenar en nuestro país el avance de esa extrema derecha, lo cierto es que la izquierda del PSOE (Sumar con Podemos), con el 7,9% de apoyo y 1.380.000 votos, obtuvo 500.000 menos que Unidas Podemos, Más Madrid y Chunta Aragonesista en 2019.

De continuar esta caída libre, está claro que peligra un futuro nuevo Gobierno de coalición. Situación preocupante, pues las tibias propuestas sociales adoptadas por el actual Ejecutivo -y digo tibias porque son evidentes los incumplimientos gubernamentales del programa pactado con Sumar, sin ir más lejos en temas como el de la vivienda- han servido, al menos, para hacer menos dramática la deriva hacia la desigualdad social, coincidente con un descarado incremento de los beneficios empresariales. Si gana la derecha, la pérdida de derechos está servida.

Las formaciones políticas a la izquierda del PSOE tienen que hacérselo mirar. Hay que superar la tendencia a los hiperliderazgos sin implantación territorial y social y evitar patrimonializar esos liderazgos; hay que erradicar las suspicacias mutuas que conducen al ‘choque de trenes’ y a las descalificaciones… Hay que exhibir flexibilidad y generosidad

Me sumo a algunas de las preguntas que, en artículo reciente, formulaba Agustín Moreno, exlíder de la corriente crítica de CC.OO: «¿No se podía haber hecho más esfuerzo de integración con los portavoces parlamentarios?; ¿no podía haber seguido Ione Belarra de ministra de Derechos Sociales, algo que hizo bien (aunque Bustinduy pueda ser un buen ministro) si con ello se invertía en unidad?; ¿no podía haberse pactado a la vez una lista unitaria entre Sumar y Podemos con Irene Montero para Europa? ¿No se podía haber asegurado que saliera Manu Pineda, a quien conozco desde hace más de treinta años del Sector Crítico de CC.OO?».

El daño está hecho. Pero no se debe mirar atrás. Hay que tener presentes los peligros que nos acechan y frenar el ‘encandilamiento’ de los sectores populares (quizás huérfanos y olvidados, desde hace tiempo, por algunas fuerzas de la izquierda) con las peligrosas propuestas de la derecha extrema y de la extrema derecha. Hay que apostar por una unidad amplia (sana envidia me produce el ejemplo francés) de las fuerzas a la izquierda del PSOE, unidad que hay que tejer sin obviar el horizonte republicano: la ‘calle’ habló claro el pasado día 16 de junio en Madrid.

Esa recomposición del espacio de izquierdas debe tener presente la democracia interna, la amplia implantación territorial y, sobre todo, ha de dar respuesta a los problemas reales de la gente: empleo, salarios, el imposible acceso a una vivienda digna, servicios públicos de calidad, sin olvidar las reivindicaciones feministas, ecologistas, pacifistas… Según Agustín Moreno, «los bárbaros están a las puertas y la izquierda sigue ensimismada en sus diferencias y disputas».

No quiero pecar de optimista cuando afirmo que la política -de izquierdas- ha de ser el arte de hacer posible lo imposible, una herramienta que haga también posibles los cambios sociales profundos que exige este inestable e impredecible siglo XXI. Y, recordando a Marx, hay que insistir en que los hombres y mujeres de izquierdas, al tiempo que transforman las circunstancias que les rodean, se transforman a sí mismos, logrando con ello un desarrollo humano más pleno

Creo también que la izquierda ha olvidado durante todos estos años, tras el fin de la II Guerra Mundial y, sobre todo, tras la caída del ‘peligro’ soviético, la construcción de una fuerza social popular anticapitalista que permita aglutinar a los más amplios sectores sociales y políticos. Una fuerza popular que no solo tenga un carácter electoral, sino que también se constituya en un instrumento político que, como afirma Marta Harnecker, articule la acción de los múltiples y plurales sujetos, respetando sus diferencias, para ir horadando el poder de las clases dominantes y avanzar hacia la construcción de una sociedad cada vez más humanista y solidaria.

Largo trecho, pues, el que hay que recorrer para ir reconstruyendo, con sólidos cimientos, una auténtica izquierda. Pero, como primer paso, barramos los obstáculos que se oponen a su unidad.

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