Opinión | El retrovisor

Aquellos tiempos: Ángel Fernández Saura

Fernández Saura supo recoger, como pocos, aquellos años de la movida murciana y captar toda una época de Murcia en sus más diversos aspectos

Ángel Fernández Saura en su niñez. Foto de Federo Martínez Estudios / Fotos Arte.

Ángel Fernández Saura en su niñez. Foto de Federo Martínez Estudios / Fotos Arte.

Nada hacía adivinar entonces que este zagal, de aspecto sano y risueño, llegaría con el transcurso de los años a convertirse en notario magnífico de toda una época de Murcia.

Ángel Fernández Saura vino a este mundo en Murcia, Calle Sociedad, número cuatro, en el cuarto piso, a escasos metros del que sería su primer colegio: las ‘Luisas’, hoy sede de la Cámara de Comercio de Murcia.

Su alimentación infantil fue excelente gracias a las grandes dotes para la cocina de su señora madre. Recuerda nuestro invitado, con excelente memoria, aquellos apetitosos bocadillos de queso con sobrasada que portaba en la cartera y que consumía con placer en el colegio, o aquellos huevos fritos con puntilla y toda clase de guisos de los que daba cuenta tras sus horas lectivas en la legendaria Academia San Ignacio de Loyola, en la calle San Antonio, la que dirigía con gran acierto don Vicente Meseguer. Tras el Ingreso, cursó el Bachillerato en el Instituto Alfonso X el Sabio, en la Universidad laboral de Zamora y en el Instituto Floridablanca.

‘Angelito’ gozó de una salud ‘brutal’ en la infancia y en la pubertad, como él mismo la define. Su espíritu aventurero se inició con la lectura de los cuadernillos de Hazañas Bélicas, El Jabato y El Cosaco Verde, sin olvidar las tardes de pipas y programa doble en el Teatro Circo Villar, admirando las correrías que protagonizaba don John Wayne. Aunque fuera Lawrence de Arabia la que le marcaría especialmente.

Juegos de indios y americanos en la Glorieta y primeras escaladas en las paredes laterales del Ayuntamiento capitalino, juegos que no lograron borrar en él los nervios del día en que recibió por vez primera el sacramento de la Confesión. Serían ‘Los Bravos’ los que pusieron el ritmo a sus días juveniles, incluso en sus meses de mili en el Regimiento Mallorca n.º 13, en Lorca.

Su gran ilusión, la aventura, se hizo realidad gracias a sus incursiones en la montaña, la espeleología, el parapente, la escalada, la vela, el aeromodelismo, los viajes y, por supuesto, la fotografía. Su paisaje preferido no podía ser otro; en sus retinas quedaron fijados los amaneceres y puestas de sol en los Andes, el Himalaya, los Alpes y los Pirineos, sobre todo en su estación favorita, el invierno.

Su primera cámara sería una Kodak Retinete, regalo de su cuñado Rafael Morales, la misma que le robaron en un viaje a Madrid. Recuerdos iniciales con la fotografía en la OJE (Organización Juvenil Española), que le llevan a sus tiempos del grupo de espeleología ‘Mickey Mouse’, del que fue director y fundador, en la que usaban una máquina prestada Yasica Minister D, para documentar sus actividades. Su pasión por la fotografía le condujo a matricularse en un curso de auxiliar de laboratorio, en el que Francisco Santa Cruz le introdujo en las tareas más complicadas del arte de la fotografía. Colaboró posteriormente con Vicente Andreu y con Ricardo Valcárcel en su negocio, ‘Liberfoto’.

Fernández Saura supo recoger, como pocos, aquellos años de la movida murciana y captar toda una época de Murcia en sus más diversos aspectos: el retrato, gentes, situaciones, paisajes y todo aquello que más tarde o más temprano se convertirá en historia, haciendo valer la máxima de que «una imagen vale más que mil palabras»

Ángel Fernández Saura, un grande de la fotografía y el diseño gráfico murcianos.

Nacimiento: Murcia, 28 de mayo, 1853.

Profesión: Fotógrafo y diseñador gráfico.

Comienzos: Cobrador en La Lonja de Murcia, ‘Liberfoto’...

Primer lujo: La ducha.

Aficiones: Montaña, viajar, parapente.

Curiosidad: Apunta siempre su objetivo con el mismo ojo.

Fotografía: Federo Martínez/Estudios Fotos Arte. 

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