Opinión | Achopijo

Insiste España

Sí, estoy en el equipo defensor de los comentaristas que hacen televisión

Jugadores de la selección española celebran el gol que le anotaron a Italia, en el Arena AufSchalke de Gelsenkirchen (Alemania).

Jugadores de la selección española celebran el gol que le anotaron a Italia, en el Arena AufSchalke de Gelsenkirchen (Alemania). / EFE/Alberto Estévez

Es bonito que se genere debate sobre los comentaristas de los partidos de la Eurocopa. Empecemos por aquí. En esta época turbulenta de las redes sociales, que dura más de lo previsto, a veces surge un debate sano que deja espacio para la defensa de cosas que parecían condenadas al ostracismo. Y más en el periodismo, que sigue sufriendo las embestidas de los nuevos medios, tratando de resistir en un núcleo de profesionalidad cada vez más indistinguible, y no solo por las fake news, los bulos y el fango; también por el desarrollo de otras nuevas fórmulas dignas con las que contar las cosas. Pero volvamos a la Eurocopa. La oportunidad que este año brinda Televisión Española para reivindicarse como servicio público es maravillosa, y mira que es difícil en estos tiempos convertirse en paradigma. Seguramente sea de rebote, quién sabe, pero para mí está siendo una lección de periodismo como servicio público. También al propio periodismo. Porque el espectáculo está en el césped, y ahí debe seguir.

Me declaro ‘juancarlosriverista’, escuela heredera nada menos que del ‘joseangeldelacasismo’, cuyo «insiste España» es ya una de las frases más míticas de la historia del periodismo y del deporte. También soy, ya lo era desde Estudio Estadio, ‘pacograndista’. Así que, sí, estoy en el equipo defensor de los comentaristas que hacen televisión, que preparan los partidos con informaciones sobre los jugadores, sus equipos, sus trayectorias, sobre las ciudades en las que se juega, y repasan la historia durante el juego, sin narrar como si fueran argentinos, ni como si fuera la radio explicando en cada imagen dónde está el balón, como si no lo estuviéramos viendo. Y sin extravagancias de más, que dos o tres por partido son bonitas, pero nada más. Asisto a los comentarios del gran Carlos Marañón, director de Cinemanía, sobre enfrentamientos pasados en mundiales o Eurocopas con referencias a jugadores de otra época, incluso a películas, y le imagino con Paco Grande y Juan Carlos Rivero tocando una canción más en la cubierta del Titanic, en lo alto del periodismo, mientras todo se viene abajo, dando una lección de cómo se hacen las cosas, y siento orgullo y respeto máximo. Periodistas tomándose en serio su profesión.

«Se creen que están en un documental de La 2», espetaba un hater en redes. No hay mayor elogio, amigos lectores, que alguien te ataque diciéndote que pareces un documental de La 2. Por no hablar de los siempre atinados comentarios, respetuosos y llenos de conocimiento intrínseco, de Vero Boquete, con pausa y temple, casi como si estuviera poniendo pases al hueco. Que Juan Carlos Rivero cambia nombres me parece de las cosas más tiernas del mundo. Necesarias, incluso. Hay quien se ha ganado el derecho a equivocarse. Hasta cuando anuncia el Grand Prix lo hace creyendo en ello, cáspita. Aún nos queda media Euro para seguir deleitándonos, sobre todo porque España está para darnos un alegrón más, y ahí, si pasa, que nadie dude, que tendremos nuestro «Iniesta de mi vida». Que una cosa, no quita la otra. Vale.

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