Opinión | Noticias del Antropoceno

El incondicional aire acondicionado

Se han vertido ríos de tinta y gastado kilómetros de película contando las historias del salvaje Oeste, ese monumento a la conquista del continente americano por parte de los colonizadores de la naciente nación estadounidense. Por cierto, si eso no fue un genocidio, que venga Dios y lo vea. 

Hasta diez millones de indios americanos ocupaban los vastos territorios que unos pocos blancos, con el respaldo de armas modernas, se arrogaron como propios sin ningún título, más allá de su voluntad de arrasar con todo lo que se les pusiera por delante. 

Pero la auténtica conquista de Estados Unidos tuvo que esperar al invento del aire acondicionado cuando millones de personas se desplazaron a los Estados del Sur para vivir y trabajar. Florida, Georgia, Alabama, Luisiana, Texas, Arizona, Nevada, Nuevo Méjico e incluso California no habrían atraído tanta población si no hubiera sido por el práctico invento, que permitió a la gente llevar una vida más o menos normal durante los calurosos meses de verano. 

Fue el aire acondicionado lo que rompió las cadenas de la emigración al Sur. Por cierto, una tecnología en plena adaptación a la eficiencia energética.

Solo hay que mirar la historia de Estados Unidos para llegar a la certeza de que el aire acondicionado es el gran factor que impulsa la riqueza de los territorios donde la temperatura supera fácilmente los 35º durante largas temporadas del año. Yo no he pasado tanto frío en mi vida como en un curso de una semana que hice en Las Vegas en la época estival.

Ante mi asombro, las féminas que acudían al curso lo hacían envueltas en abrigos de pieles, cuando la temperatura exterior rondaba los 40º. Cuando llevabas un par de horas en el aula, comprendías perfectamente el porqué. 

Lo que sorprende de Murcia es que con el calor que pasamos, no sea obligatorio la dotación de al menos una preinstalación de aire acondicionado para los edificios de nueva planta, al menos desde la instauración de las autonomías, que deberían servir para ajustar la normativa urbanística a las circunstancias locales. El ejemplo más palpable de la incuria de nuestros políticos y promotores inmobiliarios locales es contemplar multitud de edificios con los antiestéticos aparatos de aire acondicionados “adornando” las fachadas. Si quieres un mapa de la distribución de las clases sociales de Murcia, solo tienes que alzar la mirada a las ventanas de los edificios.

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