Opinión | Noticias del Antropoceno

Esa metida del metaverso

Podríamos afirmar, a la luz de la historia de la tecnología, que la innovación genera sus propios monstruos. Así parece haber sucedido con el ‘metaverso’, una aventura de dudoso resultado a la que el fundador y accionista de referencia de Facebook arrastró al resto de la compañía, hasta el punto de cambiar su nombre a Meta. Después del fracaso del proyecto, que ha costado a la empresa 20.000 millones de dólares, Meta se ha repuesto sin problemas y ahora está embarcada en los desafíos de la siguiente big thing: la inteligencia artificial. Nadie habla del tema, pero se supone que las escasas empresas que invirtieron para ser las primeras creando un espacio en el metaverso de Meta han palmado también. 

Del incendio que fue el proyecto de Metaverso de Facebook apenas quedan los rescoldos. Si consultas en Google, las últimas noticias que aparecen bajo ese epígrafe tienen fecha de 2023, lo que demuestra lo obsoleto del concepto. De aquel proyecto quedan al menos dos inventos que atestiguan la dedicación con la que afrontaron el reto: las gafas de realidad virtual Quest y las gafas de realidad aumentada en colaboración con Ray Ban. Ambos artilugios son asombrosamente interesantes y funcionales. Si permitirán la popularización de una nueva versión del metaverso, el tiempo lo dirá.

La aventura fallida del Metaverso demuestra una vez más que la resiliencia de los gigantes tecnológicos se basa en la facilidad con la que desechan sus proyectos, y no tanto el éxito que obtienen con cada uno de ellos. Todos se parecen en que luchan frenéticamente contra el tiempo por encontrar una alternativa a sus hallazgos fundamentales, los que les ha hecho ricos previamente. 

Google es un paradigma en ese sentido. Ha cerrado docenas de proyectos innovadores con la facilidad que cualquiera cierra una carpeta y la mete en el cajón, empezando con su red social. Apple sigue buscando frenéticamente un cacharro que le dé tanto dinero como los Iphone, sin conseguirlo de momento. Microsoft ha encontrado una línea que parece devolverla a sus tiempos de gloria, y más allá, con una suite Office con el Copilot basado en inteligencia artificial proporcionada por su participada OpenAi. Incluso Amazon sigue experimentando con comercios físicos y modelos alternativos de negocio.

 Estos gigantes pueden equivocarse y no pasa nada. Que se lo digan a un pequeño empresario, que se juega su vida en cada proyecto. n

Suscríbete para seguir leyendo