Opinión | Noticias del Antropoceno

Los últimos bastiones del comunismo ortodoxo

Cualquiera diría, viendo los submarinos rusos atracados en el puerto de La Habana, que los viejos tiempos de la crisis de los misiles estaban de vuelta, o que las seis décadas transcurridas desde entonces no habían cambiado lo esencial en el equilibrio de poderes de las grandes potencias planetarias. Obviamente, las apariencias engañan, pero es un momento excelente para reflexionar sobre la situación actual de ese equilibrio y sus diferencias con aquel momento crítico de la historia de la Humanidad.

Lo más importante es que, como dijo Barack Obama y tanto cabreó a un dictador en proceso como Vladimir Putin, es que Rusia, mal que le pese, se ha convertido en una potencia regional, aunque tenga pretensiones de influencia planetaria. Esto lo consigue a costa de ceder mercenarios para apuntalar a los regímenes militares más pobres del planeta, básicamente el cinturón de dictaduras militares surgido en el Sahel, que han cambiado la influencia de su anterior colonizador, Francia, por el de un nuevo colonizador imperial, la Rusia de Putin, que no les pasa cuentas de su nivel de democracia o su comportamiento frente a sus opositores o enemigos.

También parece haber descubierto los rusos, su amistad con Cuba, una de las dos dictaduras férreamente comunistas que restan en el mundo. La otra es también un reciente aliado de los rusos, Corea del Norte. Lo sorprendente de la situación es que precisamente los rusos, y Putin el primero, hace tiempo que abjuraron del socialismo extremo en forma de comunismo. Si algo puede decirse de la Rusia y China actuales es que son un países capitalistas al cien por cien. 

Lo que resulta incomprensible es que estos dos países, cuya economía está literalmente destruida por el comunismo residual, Cuba y Corea del Norte, no hayan aprendido de las antiguas potencias comunistas, Rusia y China, que el comunismo es un camino seguro a la miseria. De momento, estos países siguen sin dar su brazo a torcer combinando una dictadura totalitaria con una total miseria económica, con períodos de hambruna como en la Cuba actual, que ha solicitado ayuda humanitaria a la ONU porque no aguanta más, y frecuentes en el pasado de Corea del Norte, con resultados de miles de muertos por inanición. Y es que ser dictador no debería ser sinónimo de ser imbécil. El comunismo no funciona, y eso deberían saberlo todos a estas alturas, dictadores o no.

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