Opinión | Noticias del Antropoceno

Desmontando una democracia paso a paso

¿Se puede pasar de la madurez activa a la decrépita ancianidad en solo unos meses? Pues ese es el espectáculo al que estamos asistiendo en el caso del hombre más poderoso del planeta, el presidente actual de los Estados Unidos, Joe Biden. Si se mira la grabación del discurso del Estado de la Unión y se la compara con la de la reunión del G7 estos días, parece otro hombre. En las imágenes que está sirviendo la televisión aparece como un anciano con la mente en Babia e incapaz de exhibir la energía suficiente para fijar la mirada en su interlocutor o estrechar firmemente una mano. Lo lamentable en este caso es que, aunque su oponente no sea precisamente un chaval, el contraste entre la vitalidad de uno y otro está quedando cada vez más en evidencia.

Por otra parte, estamos asistiendo en el caso de Donald Trump a la prueba evidente de que lo que no te mata te hace más fuerte. A pesar de ser un delincuente convicto, está claro que ese dato no está afectando, más bien todo lo contrario, a su atractivo electoral y a los apoyos que recibe de todas partes. Se cumple una vez más el principio fuertemente establecido de que a la prensa le gustan las crucifixiones, pero el público goza mucho más con las resurrecciones. El momento que está adquiriendo Trump en las encuestas parece ya imparable. De hecho, lo que era un escenario altamente improbable hace escasos meses, cada vez se da por más seguro. Y conforme aumenta la probabilidad, el impulso de Trump se hace más sólido aún.

Lo interesante de Trump será comprobar si las instituciones de Estados Unidos son capaces de resistir a la conversión del país en una autocracia presidencial. El primer paso se dio en la primera etapa, cuando las circunstancias y el control del Senado le permitieron atestar el Tribunal Supremo de jueces de su cuerda, cuyas decisiones desde entonces no han defraudado las expectativas de la minoría mayoritaria blanca y evangélica que constituye la base social del magnate neoyorkino. El próximo asalto será reducir el Estado a su mínima expresión, con la desaparición de múltiples agencias gubernamentales, sobre todo las que regulan los impuestos y la preservación del medio ambiente. Y, por supuesto, el desmontaje de los medios de comunicación independientes constituirá su objetivo primordial desde el primer día. Todo dictador ambiciona, por encima de todo, establecer sus hechos alternativos, por encima de la molesta verdad objetiva.

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