Opinión | El prisma

¿Por qué ha tenido Alvise tanto éxito en Murcia? / Tierra de experimentos

En Murcia hay un sano escepticismo político combinado con un fuerte rechazo a la izquierda, por lo que cualquier experimento fuera del cotarro tiene más futuro que en otras partes de España

Luis ‘Alvise’ Pérez, líder de 'Se Acabó La Fiesta'.

Luis ‘Alvise’ Pérez, líder de 'Se Acabó La Fiesta'. / EFE

Sacar tres diputados en las listas de un partido surgido de la nada pocos meses antes es una hazaña incontestable, incluso tratándose de elecciones de circunscripción única, como las del Parlamento Europeo, que eliminan la distorsión provincial que existe en las demás convocatorias electorales.

Es cierto que las elecciones europeas importan bastante poco a la gente normal, por lo que son territorio abonado para las extravagancias, pero eso tampoco explica del todo los ochocientos mil votos obtenidos por un partido la primera vez que se presenta a las urnas, un hito que ha de ser tenido en cuenta por sus futuras implicaciones políticas si sus responsables deciden darle continuidad.

¿Cuál es la ideología del partido de Alvise? Ninguna; de ahí su éxito. Ninguno de sus votantes puede explicar su decisión apelando a argumentos racionales sobre las reformas que propone ese partido para mejorar la vida de los ciudadanos, porque no existe ningún ideario estructurado que ofrecer al votante potencial. Aún hoy, la web oficial del partido ‘Se acabó la fiesta’ solo tiene un correo electrónico y las direcciones de sus redes sociales. Nada que se parezca a un documento básico sobre el que discutir o con el cual convencer a los ciudadanos que buscan una opción política distinta a las tradicionales.

De hecho, lo de Alvise es, precisamente, la negación de la política tal y como la conocemos. Sus propuestas son exabruptos que suenan bien a los que están hartos de que los políticos vivan mejor que ellos. Además, las promesas del líder supremo del partido son irrealizables, porque exceden groseramente del marco que establece un Estado de derecho, pero eso es una minucia para sus votantes, que con escuchar a un político decir que va a encarcelar a todos los demás ya tienen suficiente para entregarle su voto. Es como cuando surgió Podemos, felizmente desaparecido de la escena política para higiene del sistema, y sus líderes alimentaron el rencor de los desesperados diciendo que había medio cuerpo de la Guardia Civil esperando su orden para meter en prisión a los políticos corruptos (todos, menos ellos). Luego se instalaron en el presupuesto público, compraron mansiones, se repartieron sueldos de escándalo y la vida siguió exactamente igual que cuando estos indigentes intelectuales saltaron a la escena pública.

Alvise cuenta además con otro factor muy del gusto del votante cabreado. Se trata de su promesa de sortear su sueldo de eurodiputado. Poca broma, que hablamos de más de 10K mensuales libres de impuestos. A su favor cuenta que el tipo factura en estos momentos mucho más, a diferencia de los podemitas, que sobrevivían dando clases a tiempo parcial o cobrando el subsidio del paro. O sea, que es muy posible que reparta el dinero del Parlamento Europeo entre sus fieles, al menos hasta que pase la ola y decida quedarse la paga con cualquier pretexto más o menos razonable.

Otro motivo para generar confianza en el votante desencantado es que el tipo reconoce que lo que busca con su escaño es el aforamiento del Parlamento Europeo, un privilegio nada desdeñable teniendo en cuenta la cantidad de procesos judiciales en los que está inmerso por sus acusaciones a políticos en ejercicio de haber cometido todo tipo de salvajadas.

¿Por qué ha sacado más votos en Murcia que en cualquier otra provincia, me pregunta usted? Pues porque SAF ha copiado el mensaje de Vox en aquello que se refiere a la inmigración ilegal y, sobre todo, a la agricultura, el sector más perjudicado por las políticas europeas desde que comenzó a implantarse la agenda 2030. Dado que Murcia es la circunscripción donde Vox cuenta con más votos, es también el lugar donde tiene más futuro una escisión eventual del partido de Abascal. Lo veremos en las próximas generales si el nuevo partido decide dar el salto a la gran política.

Aquí, además, hay un sano escepticismo político combinado con un fuerte rechazo a la izquierda, por lo que cualquier experimento fuera del cotarro tiene más futuro que en otras partes de España. Murcia, laboratorio de nuevas tendencias políticas. Deberíamos cobrar. 

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